domingo, 11 de noviembre de 2012
domingo, 4 de noviembre de 2012
En la estación
Se
sienta en un banco de la estación y deja pasar un tren y otro y todos los que
hagan falta. Hasta que aparece él y se para el mundo. Le pregunta si lleva
mucho esperando y ella miente diciendo que acaba de llegar.
Se suben
al siguiente tren juntos y se cuentan su anterior día, se ríen de las anécdotas
graciosas, se apoyan en los problemas y se aconsejan en las grandes cuestiones.
Se
podría decir que son buenos amigos. No suelen verse fuera del tren, algún plan
con más amigos, algún concierto pero ninguna noche eterna. Se llaman si tardan
en encontrarse, se preocupan el uno del otro. Se echan de menos si no se ven.
Y ella
deja pasar trenes por él. A veces no importa, como dice ella “habrá más trenes”.
Pero otras supone demasiado y no es fácil decidir si se sube o no. No lo hace y
espera que esta vez al subir con él todo sea diferente.
Hay días
en los que se pone un poco más de brillo en los labios, se peina diferente, se
siente más guapa frente al espejo. Y espera que él se dé cuenta, que le diga
que está preciosa, que le proponga una cena en su casa, un cine, o simplemente
coja su mano y no la suelte.
Ese día
no llega y ella sigue dejando pasar trenes.
“No importa”,
se sigue diciendo. “Si hubiera llegado mi tren me hubiera subido”, se repite.
Suspira, llora, sonríe y sabe que la vida es algo más.
Por fin
llega el cambio, llega el momento. Él, como siempre, llega tarde. Ella, como
siempre, le espera. Suben juntos al tren y se miran.
Ella le
dice que se calle, que ya han hablado bastante, que quiere vivir, que quiere
ser feliz. Y le besa con todo su amor, con toda su ilusión. Él no devuelve el
beso, se separa con mirada triste y con un lo siento.
Tardarán
años en volver a coger el mismo tren, en volver a ser amigos. Pero ella tardará
poco en vivir.
Al día
siguiente cogerá el primer tren y al subir cruzará su mirada con alguien que
verá en ella más que un brillo de labios. Empezarán con un “nunca te he visto
por aquí” y unos meses después será un “¿cuándo cenamos juntos?”
La vida
no será lo que ella esperaba, no fue el tren al que pensaba subirse pero su
felicidad llegó en él.
Vértigo
miércoles, 24 de octubre de 2012
martes, 9 de octubre de 2012
Guille Dinnbier – Para no dormir
Guille
Dinnbier empieza su primer disco con una dulce declaración de intenciones:
hablando de ir a Libertad 8 y al Búho Real y sintiéndose orgulloso e ilusionado
de nombrarse cantautor.
Y se
agradece su actitud, su entusiasmo, su vitalidad y sus ganas de hacer canciones
que tengan mensaje, sentimiento y poesía.
Habla de
amor, de ideas, de muros que derribar, de canciones que componer, de marilyns
que enamoran, de cuentas pendientes, de miedos, de heridas, de veletas, de
besos, de lágrimas, de valientes que luchan, de noches de concierto, de
filosofía y de alas rotas.
Y lo
hace contagiándome su ilusión y sus ganas de vivir.
“No me
preocupa perderlo todo en mis sueños y nada me importa si me hace feliz” canta
en una de sus canciones. Siento que es honesto y le creo.
Reconozco
que me gusta su voz, sus letras, su música, sus canciones.
Pero él
es el que me enamora, él y lo que consigue transmitir, lo que me hace sentir;
que hace que lleve semanas escuchando una y otra vez su disco, que llegue al
trabajo con una sonrisa confiando en que alguien me quiera abrazar.
Me
gustaría que Guille me prometiera que cuando Libertad 8 se le quede pequeño,
lleguen infinitas noches de concierto y días de invierno siga contagiándome su
manera de mirar al mundo y siga regalándonos canciones para no dormir.
Vértigo
miércoles, 26 de septiembre de 2012
Secador
Saco
el secador y me asusto.
Llevo
meses olvidando que existe, saliendo a la calle con el pelo mojado, sin
preocupaciones, sin miedos, sin secar...
Y
ahora tengo el secador en mi mano. En la calle llueve, el cielo está oscuro y
dicen que no saldrá el sol. Debería secarme el pelo, prepararme para el otoño
que llega y decir adiós al verano, a los días en los que no me importaba que
cayeran gotas de mi pelo, que fuera algo despeinada, que jugaras conmigo...
Tengo
que secarme el pelo y asumir que nada dura eternamente y que los miedos y el
secador tenían que volver. Me espera un largo invierno en el que tendré que
salir a la calle preparada para los días fríos y las noches solitarias.
Miro
por la ventana y veo la lluvia caer. Mi pelo acabará mojado lo seque o no.
Guardo el secador, ya habrá días para protegerme...
Hoy
quiero salir sin miedos, confiando en que salga el sol y dispuesta a jugar
contigo.
Vértigo
miércoles, 22 de agosto de 2012
Amigos
Se mira en el espejo. Repasa su cuerpo con el
vestido ajustado, mete tripa y observa su silueta.
Se pinta los ojos con demasiado oscuro y los labios
con brillo.
Se vuelve a mirar. Se quiere sentir sexy. Se lo
cree un segundo y al siguiente es consciente de todo lo que no debería marcar
el vestido. Lo estira un poco, vuelve a meter tripa y parece que se siente sexy
otro segundo.
Sale de casa antes de que vuelva su madre, sabe
todo lo que diría y sabe, aunque no lo reconozca, que tiene razón.
En el metro se siente observada y cree leer los
pensamientos de los que la miran.
Aunque excepto yo nadie se ha fijado en ella. Y yo
no la juzgo.
Vuelve a estirar el vestido y a meter tripa. Se
peina con los dedos. Se dice una y otra vez a si misma que se lo va a pasar
bien.
Se baja en su parada y llega al encuentro con sus
amigos. Ellas con vestidos ajustados en cuerpos imposibles la miran con
desprecio. Ellos ni se percatan que está. Y todavía sigue creyendo que son sus
amigos.
Pasará la noche intentando encajar, simulando
sonrisas y fingiendo ser feliz.
Volverá a casa y se quitará la sombra y el
maquillaje. Se pondrá el pijama y estará más guapa de lo que lo ha estado en
toda la noche.
Llorará mientras duerma y se levantará maldiciendo
el vestido, las noches de fiesta y los amigos no amigos.
No me preocupará, no sentiré pena por ella, no diré
que la adolescencia es sencilla.
Sabré que será una etapa que pasará y sólo la hará
crecer.
Unos años después se pondrá otro vestido con el que
lucirá escote (y disimulará tripa). Se pintará los ojos demasiado oscuros (pero
como a ella le gusta) y le dirá a su madre que volverá tarde.
En el metro estará en su mundo, planeando
aventuras. La miraré desde mi asiento.
Se encontrará con sus amigos. Ellas cada uno con su
estilo (una no se baja de sus tacones ni se quita su vestido, otra siempre sale
con sus vaqueros y sus zapatillas…) Ellos a lo suyo, intentando ligar con las
del grupo de al lado pero siempre pendientes de ellas (y ellas pendientes de
ellos).
Pasará la noche entre risas y conversaciones
serias. Hablando de zapatos y de desempleo.
Volverá a casa haciendo y recibiendo perdidas.
Mandando alguna sonrisita a alguien que suspira por ella.
Quizás llore mientras duerma… pero… ¿no te pasa a
ti también a veces?
Se levantará y desayunará con su madre, le contará
cómo le va a sus amigos y la suerte que tuvo de encontrarlos. Ya ni recuerda
los que tenía cuando fue adolescente y fingía que era feliz.
Vértigo
jueves, 5 de julio de 2012
Discurso
Discurso escrito para una boda en París...
CONFÍO
“No me importaría contar cada gota de lluvia si
tú estuvieras conmigo debajo del paraguas” canta Paco Bello en una de sus
canciones que descubrí junto a Irene hace ya algunos años.
Me parece que en pocas palabras define bien lo
que Irene ha encontrado en Jérôme y lo que Jérôme ha encontrado en Irene:
alguien con quien estar debajo del paraguas observando el mundo. No importará
que todo se derrumbe, que caigan millones de gotas, que el mundo se acabe
mañana. Ellos permanecerán juntos uno al lado del otro, ayudándose,
protegiéndose, amándose.
El destino hizo que se encontraran y no se
dejaron escapar. Se agarraron fuerte de la mano y comenzaron un futuro viviendo
su presente.
Sé que la vida les llevará por caminos extraños,
que habrá noches eternas y días imposibles, que a veces saldrá el sol y otras
veces parecerá que no. Pero confío en Irene y Jérôme para demostrar que el amor
está por encima de todo, que nada podrá con ellos, nada conseguirá destruir el
futuro que han construido.
Confío en que Irene seguirá creciendo,
aprendiendo, madurando y no perderá la esencia de aquella chica que se sentaba
a mi lado en clase y sonreía por los pasillos.
Confío en que Jérôme seguirá hacia delante,
manteniendo esa mirada limpia en la que se puede creer sin dudar.
Confío en Irene y Jérôme. En ellos, en nuestra
amistad, en su amor.
Canta Ismael Serrano que “el amor es eterno
mientras dura”. Irene y Jérôme me van a demostrar que la eternidad puede ser
para siempre.
Millones de gracias.
Vértigo
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