martes, 3 de diciembre de 2019

La cabina

Todavía estaba medio dormida, acababa de salir de casa y estaba amaneciendo, cuando le vio llamando desde la cabina telefónica. 

Pasaba por allí todos los días pero nunca se había fijado en la cabina. Ahora la escena le parecía sacada de otra época. No le conocía, ni le sonaba su cara del barrio pero pensó en preguntarle si estaba bien, si necesitaba un móvil, si le podía ayudar. No lo hizo, seguramente estaba haciendo una llamada normal y su mundo no se estaba acabando. En otros tiempos no le hubiera parecido tan raro.

Le vinieron a la mente otras cabinas telefónicas, otra vida. Recordó a sus padres en las vacaciones de verano buscando cabinas para llamar a sus abuelos, solo para ver que todo estaba bien. Se acordó de monedas, de tarjetas prepago, de su piel morena, de los helados, del mar, de jugar, de mirar al futuro con todas las posibilidades.

Recuerda las vacaciones de estos años, buscando wifi o comprando  tarjetas de datos, con el mismo objetivo, solo queriendo saber que todos están bien.

Pero el futuro ahora lo mira diferente. Parece que las posibilidades han cambiado. Ya no se siente ni tan fuerte ni tan segura. Seguir diciendo que cambiará el mundo le parece estúpido y creer que algún día publicará una novela que ni ha empezado parece irreal. Los sueños se están quedando guardados en un cajón.

Llega al trabajo un poco más abatida que otros días y se pregunta si es posible tener nostalgia de una vida que no ha tenido. No se podrá quejar, no lo hará, sonreirá como siempre y se preguntará si todavía está a tiempo. Volverá a casa y buscará su propia caja de pandora. Llorará esa noche, le abrazará más fuerte y dormirá queriendo volver a soñar.

Al día siguiente se pintará los labios de rojo y, al pasar por la cabina, sonreirá. Se dará cuenta que ya no mira tanto al futuro como cuando era niña porque ahora mira al presente, sigue llamando a sus padres, sigue luchando por su mundo y puede que la novela no sea tan importante.

Vértigo


jueves, 21 de noviembre de 2019

Moebius


Llega un correo a mi bandeja de entrada y por un segundo mi mundo se para. Pensé que ya no podías hacerlo pero lo consigues, aunque esta vez sólo durante un instante. El correo es breve. Me dices: "No he podido evitar acordarme de ti al leer este artículo  :)" Y me envías un enlace a un artículo sobre Moebius. Primero me sorprendo y tardo otro instante en entenderlo. Recuerdo aquel trabajo que hicimos juntos sobre Moebius en aquella asignatura que te apuntaste por mí. Vuelven recuerdos que parecían olvidados, como cuando criticaste que pusiera el título en rojo kétchup y como cuando nos mirábamos y todo se paraba. Empezamos ese trabajo siendo amigos y creo recordar que lo terminamos siendo algo más. Ha pasado una eternidad, quizás algo más. Otra vez mi cabeza se hubiera ido al final, a los malos momentos, a mi dolor. Esta vez me llevas al comienzo, a lo bonito, a cuando lo difícil fue dar el paso y lo increíble fueron los meses siguientes. Te he escrito demasiados relatos que nunca te dejaré leer, te he utilizado como recurso literario me temo, no sé en qué te he convertido. Tu correo me hace preguntarme si podríamos volver a ser amigos, si podría enviarte relatos para que me revises los puntos y coma, si podría ayudarte con tus funciones de navidad, si podríamos volver a hablar de todo, de mi chico, de tu mujer y tus niños, de nuestros miedos y recuperar una amistad que nunca debió terminar. Me lo pregunto y me gustaría preguntártelo, contestarte al correo diciéndote que volvamos a ser amigos, que me cuentes qué tal todo, que empecemos de nuevo. Miro el correo y dudo qué decirte. Al final escribo un "Gracias, buen artículo" y le doy a enviar sin pensar mucho más. Quizás todo esté mejor así. 


Vértigo


sábado, 2 de noviembre de 2019

Pasado


¿A veces te preguntas que hubiera pasado si no hubiera cogido aquel metro?

La verdad es que miro al pasado y ahora parece que todo fue como debía ser. En cierta manera me estaba destruyendo a mi misma, estaba acabando con lo que había construido, estaba perdiéndome. No te culpo, no puedo culpar a nadie.

Aquel tipo que llevaba una vida jugando conmigo y aquel otro que me tambaleaba el suelo no eran buenos para mí. Tampoco les culpo. Nunca supe si tú lo serías. No creo que importe, estaba claro que yo no era buena para ti.

El rubio, los labios rojos, los vestidos rosas, los cuernos de diablo parecían atrezo sin más. Pero quizás me estaba empezando a creer el disfraz.

Subí a aquel metro y todo cambió. ¿Lo recuerdas?

En aquel momento no lo vi, hice como si nada. Pero ahora miro al pasado y parece claro. Supongo que fue poco a poco, dejé de traicionarme, perdí el rubio y me recuperé a mí misma. Mantengo los labios rojos, lo aprendido aquella época no lo he perdido y espero tampoco haberte perdido a ti.



Vértigo



domingo, 27 de octubre de 2019

Septiembre (IV)

Septiembre ha terminado sin darme cuenta. Miro el calendario una y otra vez y no me creo que estemos en octubre. ¿Dónde perdí septiembre? Supongo que la respuesta es en otros mundos, descubriendo otros paisajes, estando en lugar mágicos y dejando que el cielo se iluminara por la noche. 

Antes no hubiera sido suficiente y hubiera pasado el mes asustada, con miedo a cambios, pensando en que algo se estropearía, recordando que una vez me destrozaron en septiembre. 

Observo las fotos y sonrío. Ha sido un buen septiembre. Parece tan raro. No quiero cambiarme el color de pelo, no quiero cambios bruscos ni que parezca un nuevo comienzo, no quiero olvidar septiembre. Y no me preocupa recordar aquel septiembre en el que no podía respirar por las noches. 

No diré que le he perdido el miedo, que bajaré la guardia, que el año que viene llegará septiembre y será un mes cualquiera. Seguramente nunca lo sea. Y siempre que sobreviva a septiembre me parezca un triunfo. 

Camino por octubre, como siempre, entre dudosa y ambiciosa. Recordando aquella época en la que el curso empezaba y tenía miedo e ilusión. Supongo que nada ha cambiado tanto. 

Vuelvo a revisar las fotos y a recordar el pasado. Y vuelvo a sonreír. 

Vértigo


lunes, 9 de septiembre de 2019

Autobús (II)

Voy en el autobús en mi mundo, pensando en llegar pronto, en comer, en lo que me gusta la jornada reducida de verano. 

Y apareces delante de mí, nunca lo hubiera esperado. ¿Cuántos años hace que no nos vemos? No sabría calcular pero podría apostar que más de cinco años, cuando dejé de ir a trabajar en autobús y volví a mi pasado del cercanías, donde tantas historias he podido escribir, aunque puede que ninguna como la tuya. 

Se te notan los años, supongo que a mí también. Creo que has cogido algunos kilos, pero te miro y me parece que nada ha cambiado, que podría volver a suspirar por ti, que podría volver a escuchar tu respiración. 

Aunque todo cambiara y ninguno seamos el mismo, el sol que entra es de verano y el invierno parece lejos, como aquella época en la que eras mi protagonista. 

Me miras, lo noto, no sé si estás pensando lo mismo que yo o simplemente buscas un hueco en el que apoyarte. Te veo pasar y no te digo nada, podría empezar a hablar, contarte que me arrepentí de no despedirme, que cambiaron mi oficina de lugar, que yo quería seguir cogiendo el autobús pero el cercanías era mejor opción, que apareció alguien, que me enamoré, que puede que te olvidara pero que nada fue queriendo. Que tenerte delante me hace recordar tantas y tantas cosas, que puede que siga siendo la misma.

Me bajo yo primera esta vez y te dejó en el autobús, donde siempre estás para mí, donde está tu recuerdo, donde enamorarse de un desconocido alegra el día.


Vértigo

Primera parte: Autobús




viernes, 7 de junio de 2019

Un sueño

Se levantó confusa. El despertador había sonado como siempre pero nada parecía igual. Seguía medio metida en su sueño. Un sueño extraño, perturbador, que dudaba si quería recordar o era mejor olvidar. 

Miró hacia su izquierda, él ya no estaba, se había ido a trabajar. No se había enterado cuando se fue, como le pasaba muchos días. Le quería, no tenía ninguna duda. 

Pensó en el sueño y aunque una parte de ella no quería analizarlo trató de repasarlo. Parecía que estaba en una fiesta o algo parecido. No conocía a la gente pero en el sueño era consciente de haber acabado allí por casualidad, como una invitada extraña a una boda, en la que se lo estaba pasando bien, pero consciente de que no les volvería a ver. 

No sabe si estaba bebiendo o no, si bailaba o no, sobre qué eran las conversaciones. Recuerda como una casa rural bonita, o un patio coqueto, como si fuera de día, como si hubiera sol cuando estaba fuera. Parecía una sensación agradable. 

Todo estaba bien. Todo parecía bien. Pero apareció él, su amor platónico de siempre. Hacía mil años que no le veía, hacía mucho que sólo se deseaban feliz cumpleaños y poco más, hacía infinito que no pensaba en él más que como pasado. Fue alguien muy importante, pasaron por diferentes etapas, puede que ninguna fuera muy sana, nunca estuvieron juntos y aunque alguna vez imaginó un futuro con él acabó teniendo claro que no lo tenían.

Recordar el sueño la estaba perturbando. Esos mismos sentimientos tenía en el sueño. No se preguntó qué hacía ahí, no recuerda que hablaran, quizás algo, quizás poco, quizás él sólo la estaba provocando. No lo sabe, no consigue recordarlo todo. Pero recuerda sentirse atraída hacia él, como en los viejos tiempos.

Sin saber cómo, estaban cerca. Muy cerca. Seguía oliendo bien, seguía sintiendo de todo cuando le tenía pegado. Parecía que había gente alrededor pero parecía que estaban solos. En otro instante estaba sentada y él de pie. Esa imagen parecía clara en su cabeza. Él se empezó como agachar, aunque pareciera una posición extraña en el sueño todo parecía fluir de manera natural. Sin darse cuenta, al menos ella, se estaban besando. Fue un beso rápido, como que no quisieran que les vieran, como si no fuera importante, pero a la vez le pareció intenso, como si el corazón se le parara un instante, como si todo pudiera estar cambiando.

Él empezó a caminar por un pasillo y ella parecía que iba detrás. Cree que él indicaba de cierta manera que había habitaciones libres, que podrían entrar, que podría pasar cualquier cosa. Recuerda plantearse entrar, preguntarse si quería o no, saber que se sentía confusa y extraña. ¿Y si entraba? ¿Y si nadie lo supiera jamás? ¿Y si él no se enterara? Pero ella lo sabría, siempre lo sabría. 

El sueño acababa así, con ella decidiendo si entrar o no. Despierta volvía a plantearse la cuestión. Sabía que podía llamarle y que nadie lo sabría. La posibilidad del sueño era real. Se acordó de la canción de Isma, Absoluto, y que quizás fuera su demonio y tenía que decidir si abrir la puerta o no. Se preguntó también si debería contarlo. Se preguntó si el sueño significaba algo. 

Seguía confusa, aunque sus sentimientos estaban claros. Aunque en el fondo sabía lo que iba a hacer. Sólo que el sueño le había hecho dudar. Quizás no fuera tan malo.

Cogió el teléfono, le mandó un mensaje y esa noche abrieron una botella de vino mientras veían la tele como todas las noches.


Vértigo

jueves, 23 de mayo de 2019

La novela

¿Has visto happythankyoumoreplease? ¿Recuerdas la escena cuando ella le dice que a él le gustan las historias cortas y que ella ya está preparada para la novela? Puede que no sean las palabras literales pero esa era la idea.

Se acordó de la escena de la película mientras sacaba un folio en un avión y pensaba qué iba a escribir. Los vuelos siempre la inspiraban. Puede que fuera no tener con quien hablar, no poder perder el tiempo con el móvil o quizás era una manera de no meterse en sus pensamientos. 

Siempre se había dicho que escribía por necesidad y era verdad. Aunque a veces escribiera poco, sabía que le faltaba algo. Aunque cuando más triste estaba, más le costaba. 

Pensó en sus historias cortas, donde se sentía más cómoda.  En cierta manera era como sacar todo de dentro del tirón, sin pensar demasiado, sin sentir a veces, simplemente dejando el boli correr. 

Una vez al año intentaba escribir algo un poco más largo, nunca más de diez hojas, para un concurso en el que había convertido en costumbre participar. Era como una obligación que le gustaba, aunque siempre lo terminara en el último momento, aunque siempre pensara que debería dedicarle más tiempo.

¿Para cuándo la novela?, se decía alguna vez. En el vuelo volvió a pensarlo. ¿Y si seguía prefiriendo historias cortas? Podría explicar que siempre pareciera que estuviera o a punto de romper o nada más empezar con él y que su relación de años a veces fuera tan intensa como algunas relaciones cortas. Aunque, en el fondo, eran estables y eso la confundía. ¿Sería él su novela?

¿Estaría preparada para dar el paso? Escribir una novela le ilusionaba y le aterraba a partes iguales. Seguramente como pensar en un futuro con él. ¿Quizás ir escribiendo capítulos? No le parecía nada fácil. En casa de sus padres seguía teniendo un cuaderno que dijo que utilizaría para escribir su novela. Seguía en blanco. Igual que seguía el folio que había sacado. Ni siquiera estaba escribiendo. 

Puede que fuera el momento de empezar su novela o al menos intentarlo. Miró por la ventanilla y se dijo que ya lo pensaría con los pies en la tierra.


Vértigo