domingo, 18 de diciembre de 2011

Días rojos

Audrey en “Desayuno con diamantes” habla de los días rojos, aquellos en los que se tiene miedo sin saber por qué.


Hoy puede que sea uno de esos días.


No hay motivos, no hay razones, no hay problemas. Ni siquiera hoy siento grandes traumas.


No te echo de menos más de lo habitual, ni te quiero besar con más fuerza.


Como cualquier día intento no traicionarme, escucho el silencio y sonrío por los pasillos.


Si nada es diferente, ¿por qué es un día rojo?


Quizás tuviste suerte y nunca tuviste uno. Si lo tuviste no hace que te lo explique. Aunque resulta tan complicado explicarlo…


Esta mañana me defendí diciendo que me disculparan sin lloraba, ya que mis ojos tenían el día extraño (no quise decir rojo, ni que no eran mis ojos, sino que era yo).


Sin querer saltan las lágrimas, sin un sentimiento de tristeza concreto, sin un dolor punzante, sin un motivo.


Y parece que me cuesta respirar, una angustia interior lo impide, o al menos lo intenta.


Es un día rojo. Tengo miedo sin saber por qué.


Me iré a dormir pronto y confiaré en que mañana el día sea de otro color.



Vértigo


domingo, 11 de diciembre de 2011

Dulce

domingo, 27 de noviembre de 2011

Vuelvo

Vuelvo de un finde lejos de aquí y sigo encontrando mi ciudad, que espera entre lluvias y sueños.


Vuelvo llena de recuerdos, de sitios visitados en mi cabeza, de lugares mágicos y de aventuras imposibles.


Vuelvo distinta, más melancólica (como estos días de lluvia), más calmada, más pendiente de ti.


Miro hacia atrás y recuerdo lo vivido. Pero me quedo con las sensaciones, con los sentimientos, con los abrazos.


Días intensos, risas incontroladas, lágrimas a punto de caer, miradas que lo dicen todo.


No me hubiera soltado nunca de ese abrazo, hubiera perdido ese avión.


Por primera vez comprendí a Isma odiando los aeropuertos.


Despegando conteniendo la respiración, volando estando en las nubes, aterrizando sin poner los pies en la tierra.


En Madrid repaso fotos y sentimientos. Debajo del paraguas nos recuerdo lejos.


Mando sms, correos, postales dando las gracias. No por compartir el viaje conmigo, por compartir la vida.


Vértigo



miércoles, 16 de noviembre de 2011

domingo, 6 de noviembre de 2011

Llueve

Por fin llueve en Madrid.


El otoño que no quería llegar se deja ver, aunque la primavera todavía no se ha marchado y yo sigo con mis zapatos de verano fuera del armario.


Coloco los botines de invierno al lado y pienso cuales me pondré mañana. Llueva o no, sé que saldrá el sol.


Me acurruco debajo de la manta y escucho la lluvia, mojando el parque, mojando las casas, mojándome a mí.


Planeo una huída. No al sur, sino al norte, donde encontraré más frío, más agua y otros aires.


Madrid me esperará, me recibirá con un lunes extraño, en el que entre sueños y recuerdos iré al trabajo.


Habrán sido dos noches fuera. Sólo dos.


Nadie notará el cambio. Pero volveré y los zapatos de verano estarán dentro del armario.


Vértigo


domingo, 23 de octubre de 2011

Mirada triste (III)

Una noche al terminar el día acabamos con risas y cañas. Él disimulando su mirada triste, yo disimulando que no puedo dejar de mirarle.


Otra ronda, unas patatas para picar, una foto, un silencio, una llamada.


Se va y espero entre risas, aunque parece que sin él nada continúa.


Imaginamos, suponemos, inventamos su conversación. Algunos intuyen su mirada triste. Otros sabemos que para él nada es sencillo.


Vuelve y le sigo mirando. Reducimos el grupo y sigo intentando entrar en su mirada.


Esta vez nos cuenta, nos habla, nos abre algo su corazón, aunque no del todo, no lo suficiente.


Le escucho comprendiendo cada vez más su mirada triste, preocupándome por sus días y sus noches y deseando darle un abrazo.


No sé lo di y debí dárselo. No le dije “Estoy aquí”. No le ofrecí mi ayuda eterna.


En vez de eso le dije que me llamara y le sonreí. Esperando que encontrara entre líneas toda mi ayuda.


Seguimos con las cañas, seguimos con las risas.


La noche terminó y volví a casa pensando que podría hacer para que su mirada triste fuera desapareciendo.


Vértigo


miércoles, 12 de octubre de 2011

Septiembre

Septiembre terminó hace unos días y me lo sigo sin creer. No ha sido el mes al que estoy acostumbrada, no ha habido un antes y un después, no será un septiembre que recordar o quizás sí.


No fui a la peluquería para cambiar de imagen y dejar de ser yo misma. Ni compré un tinte de un color imposible que borrara el mío. No hubo falta de aire. Respiré cada día siendo consciente de que el aire entraba en mí.


Puede que alguna noche llorara, pero lágrimas sin importancia, de esas que te recuerdan que sigues viva.


No se tambalearon mis cimientos, ni mis ideas, ni mi núcleo sufrió. No dije que no queriendo decir que sí, ni dije que sí queriendo decir que no.


No maldije septiembre, no te dije que no me gusta este mes. Los días pasaron y terminó.


Camino por octubre insegura, asustada, con miedo a que sea una ilusión, un engaño y septiembre siga ahí, no terminara y todavía ocurra algo que me destroce.


Voy a la pelu y me corto las puntas, pido que no me cambien, que quiero seguir reconociéndome cuando me mire en el espejo.


Salgo a la calle y el sol brilla. Quiero creer que septiembre pasó y no volverá, que esta vez será recordado por lo bueno: los viajes, el trabajo, las miradas cómplices, los tintos, las postales, los correos, los mensajes, las risas, las noches, los días…


Sé que lo bueno no es eterno, que vendrán días malos y noches horribles; se tambaleará la vida, me tambalearé yo, pero siempre recordaré que puede llegar un septiembre en el que todo salga bien.


Vértigo