Audrey en “Desayuno con diamantes” habla de los días rojos, aquellos en los que se tiene miedo sin saber por qué.
Hoy puede que sea uno de esos días.
No hay motivos, no hay razones, no hay problemas. Ni siquiera hoy siento grandes traumas.
No te echo de menos más de lo habitual, ni te quiero besar con más fuerza.
Como cualquier día intento no traicionarme, escucho el silencio y sonrío por los pasillos.
Si nada es diferente, ¿por qué es un día rojo?
Quizás tuviste suerte y nunca tuviste uno. Si lo tuviste no hace que te lo explique. Aunque resulta tan complicado explicarlo…
Esta mañana me defendí diciendo que me disculparan sin lloraba, ya que mis ojos tenían el día extraño (no quise decir rojo, ni que no eran mis ojos, sino que era yo).
Sin querer saltan las lágrimas, sin un sentimiento de tristeza concreto, sin un dolor punzante, sin un motivo.
Y parece que me cuesta respirar, una angustia interior lo impide, o al menos lo intenta.
Es un día rojo. Tengo miedo sin saber por qué.
Me iré a dormir pronto y confiaré en que mañana el día sea de otro color.
Vértigo