lunes, 21 de junio de 2010

Te miro

Te miro y puedo empezar a soñar. Me asusta lo que sueño, lo que soy capaz de imaginar. Me veo a tu lado, compartiendo días y conviviendo noches. Me veo dando pasos hacia delante, olvidando miedos y aceptando compromisos. Lo que nunca pude pensar con ninguno, lo pienso contigo.

Veo el futuro y estoy deseando que llegue.

Te miro de nuevo, y en vez de imaginar me pregunto. Se me acumulan las interrogaciones. Quisiera saber tu canción favorita, qué te gusta para desayunar y qué hiciste el domingo pasado. Me gustaría que me contaras tu primer amor, las noches que has pasado en vela, cuál es tu rincón favorito de Madrid. También te preguntaría si te gusta pasear, el futbol, los pequeños conciertos, las grandes exposiciones, la plaza mayor…

Veo mi lista de preguntas y estoy deseando que las contestes.

Vuelvo a imaginar, a suponer como miras al mundo. Quizás no como yo, pero estoy convencida de que encajaríamos.

Invento un sábado, en el que pasearíamos, hablaríamos durante horas y compartiríamos todo lo compartible.

Lo veo tan claro, que sólo pido que me respondas a una última pregunta, ¿cuándo quedamos?


Vértigo

domingo, 30 de mayo de 2010

Trabajo

El despertador es el primer sonido que escucho. El agua en mi cabeza es la siguiente sensación. Algo de leche y cereales. Me visto rápido, sombra en los ojos y colonia fresca en las muñecas.

Espero el autobús con los cascos puestos, modo aleatorio y buenas canciones.

Llego a mi lugar, silencio en los pasillos, suenan los tacones, se escucha el tecleo en los ordenadores.

Pasan las horas, pasan los segundos. Pasan las cosas.

Mi compañera pone música, no me conoce, no sabe lo que se mueve por mi cabeza.

Escucho sin escuchar sus canciones, tecleo sin teclear, piso sin apoyar el tacón.

Un día más, especial como todos, sin nada extraño que contar.

Y la canción que empieza a sonar lo cambia todo, o simplemente lo mueve.

No puedo evitar sonreír, cantar en silencio cada palabra de la canción.

“No estudias, no trabajas”, “la vida parece una fiesta a la que nadie se ha molestado en invitarme”, tantas veces he sentido esas frases, y algunas por fin las siento menos.

Aunque “últimamente me cuesta tanto no amarte” siempre me acompaña. Como me acompaña Ismael Serrano, que sonando de manera imprevista me alegra el día.

Vértigo

martes, 18 de mayo de 2010

Ismael Serrano


15 de Mayo de 2010
Palacio de Congresos
Madrid


Ismael Serrano siempre vuelve a Madrid y siempre se le espera.

Un escenario con más detalles que nunca, historias que contar muy enlazadas, grandes músicos a su alrededor y un repertorio escogido con cariño.

Parecen los ingredientes perfectos para un gran concierto. Lo normal sería que algo fallara, que dijera que estuvo bien pero que podía haber sido mejor.

Lo sorprendente es que fue perfecto.

Esta vez tenía todo en contra: mi enésimo concierto de isma, unos días raros, pocas fuerzas en mi cuerpo y un listón tan algo desde el que la vista da vértigo.

Todo apuntaba a que saldría diciendo que ya no es lo que era.

Afortunadamente, Ismael volvió a enamorarme y volví a desear que no acabara la noche.

Podría destacar infinitos detalles del concierto, cada canción, sus palabras, su puesta en escena, su “te eché de menos Madrid”, no estarás sola, la revisión de viejas canciones, vértigo…

Aun así, prefiero destacar el sentimiento que Ismael Serrano contagia. Se sale del concierto con una nueva vitalidad, mirando al mundo de otra manera, creyendo en utopías, confiando en el futuro.

Salí del concierto mucho mejor que entré, con fuerzas, sabiendo que en mi ventana saldrá el sol cada mañana.


Vértigo

miércoles, 12 de mayo de 2010

sábado, 3 de abril de 2010

Buscando

Llevo meses buscando. Día tras día mi objetivo era encontrar. Al principio buscaba con entusiasmo, miraba detenidamente y confiaba en lo que veía. Al final buscaba sin pararme, sin fijarme, sin importar.

A veces me sentía cansada, sin motivo, sin excusas y quería rendirme, pero aun así seguía buscando.

La búsqueda llegó a su fin y por fin encontré. En unos días empezaré la nueva etapa que estaba buscando.

Y me pregunto por qué no estoy tan entusiasmada como debería. Quizás durante el camino he ido perdiendo fuerzas. Quizás todavía no me lo creo. Aunque puede que el miedo me esté paralizando.

Estoy asustada. Tanto tiempo buscando que en algún momento dejé de pensar en el después de encontrar. Y ahora que llega no me siento preparada.

Me entran ganas de seguir buscando. Pero sé que ya no es el momento.

Es extraño dejar de buscar.

Vértigo

domingo, 21 de marzo de 2010

domingo, 14 de marzo de 2010

No me quejo

No puedo quejarme. No debo quejarme. Y no sólo porque en otras partes del mundo las cosas están mucho peor. No puedo porque dentro de los millones de personas que están como yo en este país soy de las afortunadas. Y sé que Ismael Serrano no me dedica su nueva canción a mí.

Si pido que alguien me quiera, siempre hay alguien dispuesto a decirme que él. Si además pido que me dé de comer, también alguien se ofrece.

Pero si no puedo quejarme, entonces, ¿qué puedo hacer?

Estoy cansada de que me digan que no me desanime, sé que con buenas intenciones, pero me desanima más que me lo pregunten que mi situación. Estoy cansada de mirar ofertas en las que es imposible encajar, de mandar cv que nadie abre, de escribir correos al infinito.

Pero no puedo quejarme. Tengo tiempo libre, tengo compañía, se me ocurren millones de cosas que hacer y por suerte no me falta de nada. Algo sí me falta, y me gustaría quejarme, levantar la voz, decir cuatro cosas, llorar de rabia, sentarme en el suelo de impotencia, y al menos tener el valor para ponerme a escribir.

En vez de eso, sigo sonriendo, sigo mirando el futuro con esperanza, sigo diciendo que ya llegará, que no me puedo quejar.

Y descubro que no me quejo no porque no pueda quejarme, sino porque no quiero quejarme.

No quiero maldecir la situación, no quiero culpar a otros, no quiero que se me culpe a mí. Hice lo que tenía que hacer, estudié lo que tenía que estudiar y terminé en el peor momento.

No me quejo, pero tampoco me quiero quedar callada.

Vértigo