viernes, 4 de diciembre de 2009

¿Y si me equivoqué?

¿Y si me equivoqué?

Puede que pienses que no debemos arrepentirnos de nuestras equivocaciones, las cuales forman parte de lo que somos.

Aun así, me lo sigo preguntando.

Supongo que hay decisiones que lo cambian todo, que hacen que estemos en un punto pudiendo estar en el punto opuesto.

Reconozco que no he tenido que tomar grandes decisiones y que la mayoría de las veces me dejo llevar. Puede que me gusten las pequeñas decisiones que parecen insignificantes y que tomo con naturalidad, como mandarte un mensaje o no hacerlo, dejar que me beses o dejar de sonreírte.

Pero las grandes me asustan y prefiero después de tomarlas no pensar en ellas.

Y una de esas decisiones fue elegir la carrera, ¿y si me equivoqué?

Puede que pienses que no te hubiera conocido nunca y por eso fue la elección adecuada. Aunque no lo tengo tan claro.

No estoy diciendo que no me gustara estudiarla, que no esté contenta con la gente que conocí, ni siquiera me quejo de los malos momentos.

Simplemente me planteo si era lo que tenía que hacer, si hice bien en dejarme llevar. O tenía que haber elegido de manera más romántica, más con el corazón y menos con la cabeza.

Se suponía que no tendría problemas en encontrar trabajo y ese era un motivo de peso para alguien sin vocación y que nunca aspiró a escribir más que en sus ratos libres.

Pero ahora el trabajo no llega y me replanteo todo, ¿y si me equivoqué? ¿Y ya es tarde?

Puede que por esa decisión siempre deambule perdida, aunque llegue el trabajo, no consiga encontrar mi sitio, encontrar mi lugar.

Vértigo

martes, 1 de diciembre de 2009

El 27

Esta mañana pensaba que es pronto para la navidad. Aunque ya sea diciembre, siento que faltan demasiados días para que el espíritu navideño me llegue, ese que me hace recordar el año, pensar en las personas perdidas y en las decisiones incorrectas, y que es la excusa perfecta para desvariar. No lo digas, ya sé que desvarío todo el año.
Pensaba en todo lo que falta para nochebuena y fin de año, en las citas pendientes, las tardes en tu sofá, los conciertos, las cenas de siempre.
Y me he subido al 27. Recorriendo las calles de Madrid he sentido que se acercaba la navidad. No creo que sean los árboles, ni las luces apagadas. Tampoco el frío. Ni siquiera pensar en los regalos que comprar.
Supongo que no ha sido nada, o ha sido todo. O simplemente que sin querer y sin pensar he visto que cerca se acaba el año.
Y no sé si me da pena o alegría, ni quiero empezar el balance que ya te contaré.
Sólo quiero este sentimiento que me hace soñar recordando el año que termina y pensando en el que va a empezar.
El 27 llega al final del trayecto y me tengo que bajar. No me bajaría nunca, porque sé que cuando me baje ya no me permitiré dejar de ser realista.

Vértigo

lunes, 9 de noviembre de 2009

Un buen chico

Seguía diciendo que no le entendía.

Diez años después de empezar a salir, ella seguía dándole vueltas, buscándole sentido a algo que no lo tenía. Salieron juntos un par de años, que tuvieron buenos y malos momentos. La relación no funcionó, o él no quiso que funcionara, querer estar con otras chicas no suele ayudar al compromiso.

Se dijeron que serían amigos y ella se lo creyó. Consiguieron mantener el contacto mientras él iba de novia en novia y ella se mantenía a la espera. De vez en cuando el contacto aumentaba, tanto que alguna noche lo compartían todo. A la mañana siguiente ella pensaba que quizás todo cambiaría, pero él ya pensaba en su próxima conquista. Para ella era un nuevo golpe, su cabeza volvía a pensar, volvía al pasado y no era capaz de avanzar.

Pasaban los años, ella seguía intentando que fueran amigos, o al menos eso se decía a si misma, y a él le gustaba tenerla ahí aunque no se esforzaba por ello.

Una tarde quedaron en su casa para charlar como viejos amigos. Ella no quería una noche con él que sólo fuera una noche y él seguía en su mundo, meses sin verse aunque no todo había cambiado. Tenía novia, no lo ocultaba, pero quería pasar la noche con ella, no solo una, la pega es que no iba a dejarla.

Ella se quedó confusa, después de tanto tiempo, de considerarle alguien importante en su vida, él sólo la quería para algo tan físico. Aun así, los sentimientos eran demasiado fuertes y le dijo que lo pensaría. Lo habló con sus amigas que veían el dolor en su mirara, no las escuchó.

Y le dijo que sí unos días después, pero entonces él dijo que no, sin explicación, sin motivo. Y eso la destrozó, se volvió a sentir tan miserable que quería odiarle.

Volvieron a perder el contacto. Él se marchó del país sin avisarla, ni la llama cuando vuelve, ni se preocupa de esa amistad perdida. Ella sigue creyendo que deberían ser amigos, a veces le manda un mensaje, le llama para ver cómo le va y espera que algún día se preocupe por ella, que muestre interés por conservar la amistad.

Cuando me dice que no comprende como a él le puede importar tan poco después de tantos años y me lo dice sintiéndose tan poca cosa, entiendo que ha perdido la perspectiva estando dentro de la historia y veo tan claro que él no merece la amistad de alguien como ella que todavía cree que puede ser un buen chico.


Vértigo

viernes, 16 de octubre de 2009

Otoño

Parece que no quiere llegar el otoño. El verano no quiere marcharse. Y yo me pregunto dónde estoy.

Si no llega el frío, si no guardo las camisetas de tirantes, entonces seguiré esperando que el curso comience. Estaré en ese estado intermedio, en el que el otoño no ha empezado y el verano ha terminado. No podré empezar de nuevo, seguiré encerrada en el 2008/2009, en el que todo iba a cambiar. Y cambió, y terminé, y estaba dispuesta a soportar más cambios. Pero no llegan y ya no sé cuanto podré esperar.

La chaqueta sigue en el armario y el secador en el cajón. Sigo saliendo con el pelo mojado y sin ponerme el reloj, viviendo como si fuera verano, sin dejar caer las lágrimas que llegan cuando llega el otoño y que consiguen que escape el pasado.

Podría decir que estaré preparada, que esta vez no me dolerá el otoño y cuando llegue podré empezar. Pero seguro que me coge con camiseta de tirantes y deseando que no se acabe el verano.


Vértigo

sábado, 26 de septiembre de 2009

Tengo

Tengo tiempo. Tengo ganas. Tengo ideas. Tengo boli y papel. Tengo cosas que contarte. Entonces, ¿por qué no escribo?

No te conté el concierto de madonna, ni mi opinión sobre la última peli de la Coixet. Ni siquiera estoy desvariando sobre mi vida, ni preguntándome si te echo de menos o no.

Y no lo entiendo. Me siento en un punto de inflexión, sabiendo que en cualquier momento todo cambiará. Y me gustaría poder plasmar mis sentimientos en este papel, compartirlo contigo, no sentirme tan sola.

En vez de eso, le doy vueltas en mi cabeza, me bailan los pensamientos y se me escapan las lágrimas. Pierdo la poca confianza que tenía en mí y olvido que las incertidumbres me gustaban.

Y tengo miedo. Tengo ganas de llorar. Tengo ideas horribles. Tengo un boli sin tinta. Tengo tonterías que contarte. Entonces, ¿para qué escribirte?

Esta vez creo que prefiero aclararme primero, acomodarme en mi punto de inflexión, recordar que el vértigo me gusta.

Y entender que a veces necesito mi soledad. Otras veces te necesito a mi lado, escuchando lo impresionante que fue el concierto de madonna y los desvaríos sobre mi vida.

Vértigo

lunes, 17 de agosto de 2009

Hace demasiados años

Hace demasiados años se conocieron. Eran dos personas siempre rodeadas de gente, dos personas que se sentían solas. Se habían acostumbrado a la soledad, se habían resignado a no tener a alguien a quien coger de la mano.


Al conocerse nada cambió, no aparecieron destellos de esa felicidad buscada, ni mariposas en sus estómagos. Ni siquiera se dieron mucha importancia el uno al otro. Es extraño, se puede tener lo que se necesita sentado al lado y seguir buscando de frente. Ellos siguieron buscando, fracasando en cada intento, dándolo todo cada vez y perdiendo algo de sí mismos.


Con el tiempo empezaron a mirarse, primero de reojo, como no queriendo mirar demasiado. Después comenzaron las conversaciones en las que compartían sus errores, sus tristezas y hasta sus esperanzas. La confianza entre ellos creció, su amistad se transformó y cuando quisieron darse cuenta sólo pensaban el uno en el otro.


No fue fácil que lo aceptaran, que dieran el paso. Tanto tiempo soñando con encontrarse que ahora estaban asustados. Miedo por volver a fracasar, miedo por perder su amistad y sobre todo, la duda de no saber si el otro también le estaba mirando.


A pesar de todo, superaron los problemas y dejaron de sentirse solos. Por fin tenían a alguien a quien coger de la mano, y además era a quien querían coger.


El tiempo que pasaron juntos fue inolvidable, besos mágicos, paseos especiales, momentos increíbles. Se sentían distintos, estaban viviendo un sueño y era aún mejor de lo que siempre habían soñado. Sólo con mirarse eran felices y podían comunicarse sin palabras.


Tenerse cerca les hacía crecer, madurar, avanzar. Al sentirse bien eran capaces de buscar su camino, su propio camino. Se dijeron que no cambiarían pero el estar juntos les hizo cambiar. Sin darse cuenta, el amor que siempre buscaron les ayudó a encontrarse a sí mismos.


Y sin querer, la compañía mutua dejó de tener sentido. Necesitaban separarse para poder seguir creciendo, para aprender a ser felices sin alguien a quien coger de la mano.


No fue fácil que lo aceptaran, que pusieran el final que se merecía su historia. Hubo lágrimas, peleas y situaciones desagradables. Intentaron volver atrás, a cuando se contaban sus fracasos y esperanzas, no fueron capaces. Tampoco consiguieron volver a mirarse sin que doliera, a saludarse con cariño, a recordarse como buenos amigos.


Tuvieron que separarse para poder seguir con sus vidas. No fue fácil tomar la decisión pero fue lo mejor que podían hacer.


Pronto rehicieron su vida, demostrando que eran capaces de volver a sentir, dejando de buscar, simplemente encontrando. Él encontró a una chica con la que encajaba, con la que se entendía y se enamoró de ella. Resultó ser la mujer de su vida, y pudo compartir con ella millones de momentos e infinitas experiencias. Y ahora recuerda el pasado con una sonrisa, sabiendo que cambió su vida y que cambió él.


Ella siguió fracasando, cometiendo errores, yendo de relación equivocada en relación equivocada, perdiendo algo de sí misma, pero aprendiendo y disfrutando cada vez. Y ahora recuerda el pasado con una sonrisa, sabiendo que ha crecido y que no tiene de que arrepentirse.


Puede que algún día se encuentren y compartan sus esperanzas de nuevo.


Vértigo

jueves, 6 de agosto de 2009

Azul