miércoles, 23 de septiembre de 2020

Ismael Serrano

13 de septiembre de 2020

Mallorca Live Festival


¿Crees en las casualidades?


El verano más imposible en el que nos movemos de isla en isla improvisando la vida, Ismael Serrano actúa en Mallorca justo cuando estamos allí. ¿Cómo no ir? Compramos las entradas y rebusco el pintalabios rojo en el bolso. 


Llego entre nerviosa y rara, no me lo esperaba pero es la magia que necesitaba. Nos sientan, nos miramos, sonrío. Aparece Isma en el escenario y por unos momentos olvido todo lo malo. Te canto al oído mientras él canta y siento que sólo actúa para nosotros. Es la banda sonora de mi vida y ahora lo es de nuestro instante. 


Parece nervioso, pero yo también lo estoy. Parece diferente, quizás como todos. Canta Vértigo y te agarro fuerte de la mano, envío un whatsapp a mi compañera eterna de conciertos de Isma y siento tanta emoción que creo que podremos con todo.


Siguen las canciones y yo no quiero que el concierto se acabe nunca. Te beso y me entiendes. Me besas y sé que me quieres. Nos miramos de nuevo y todo parece perfecto. 


Termina el concierto demasiado pronto pero voy flotando. Camino del hotel vuelvo a acercar los pies a tierra y nos creemos críticos musicales.


Me preguntas mi opinión, me dices que cómo es que no hizo ninguna referencia a Mallorca, que por qué parecía ausente, que el sonido fue estupendo y que crees que se confundió alguna vez con la guitarra. Te recuerdo que he ido a infinitos conciertos suyos, que éste es el segundo fuera de Madrid (el primero fue en Torrijos) y que, aunque me ha encantado ha sido diferente.


No sentí que conectara con el público, ¿culpa suya o culpa nuestra? ¿O simplemente la sensación sin sentido que sólo lo hacía con nosotros? Los camareros pasando, la gente comiendo, bebiendo, la distancia entre la gente (necesaria). 


No llegó ni a dos horas, no cantó canciones que siempre canta (¿faltó al menos un bis más con Vine del norte?), no le vi tan emocionado como esperaba, aunque ya lo estaba yo por él. 


Quizás sus conciertos en Madrid son más especiales, quizás tuviera un mal día o lo tenía yo, quizás es tan humano como todos y a todos este año nos está pasando factura, quizás le pedí demasiado... y aunque me dio muchísimo no era justo exigirle que arreglara estos meses en una noche. 


Me preguntas si me ha gustado ir y te contesto que por supuesto, que vacaciones e Isma son una combinación perfecta, que Isma me ha llenado de energía como siempre y que ha sido una casualidad mágica. 


Vértigo


sábado, 8 de agosto de 2020

Extraño

Sale de casa y todo le sigue pareciendo extraño. Aunque no es que se lo parezca, es que es extraño. Recuerda cuando no podía salir de casa y sonríe al recordarlo. No lo reconocerá en público, no se lo dirá a nadie, puede que ni ella misma lo acepte pero no estaba tan mal estando encerrada. Pensarlo le hace sentir mal, sentirse cruel, las circunstancias por las que estaba encerrada eran tan horribles que encontrarle el lado bueno le hace sentirse mala persona. 


Pero si consigue separarlo todo y pensar simplemente en estar en casa, no lo recuerda tan duro. Por supuesto que echaba de menos a sus familiares y sus mejores amigos, aunque en cierta manera hablaba tanto con ellos que a veces parecían más cerca que en el día a día normal. También pensaba en los planes, en los conciertos, en los paseos por Madrid, en los viajes, en el sol, en las conversaciones mirándose a los ojos, en ir escuchando música por la calle y estar metida en sus pensamientos.


Estando en casa encontró su rutina, su estructura, su orden. A veces le habían dicho que era cuadriculada y ella se decía que le gustaba improvisar, que era espontánea como los personajes de películas que se dejan llevar. Quizás le sirvió para comprobar que no, que tenerlo todo controlado le venía bien. Puede que fuera porque mientras el mundo se derrumbaba fuera tener todo bajo control en casa le daba cierta seguridad, aunque todo fuera tan frágil. 


Madrugaba para empezar pronto a teletrabajar, paraba para comer, seguía por la tarde y después hacía ejercicio, clases que buscaba por internet. Una serie o first dates, una videollamada, una cena ligera y a dormir. Su rutina de lunes a viernes a mediodía, comiendo sano, sintiéndose que se cuidaba, hasta echándose más crema que nunca. Las uñas pintadas siempre y los labios de vez en cuando. 


El fin de semana se permitía las pequeñas locuras. Vino y ya daba igual si la comida era sana o no, siempre que fuera divertida. Pelis malas, que las pelis buenas que siempre le habían gustado ya no le apetecían. Mil años diciendo que le gustaban los dramas, que no le gustaba reírse y se encontró poniendo en google "comedias de netflix". 


Semana tras semana su rutina era así y en cierta manera se sentía bien. Claro que tenía suerte de tenerle a él a su lado, porque por mucho que estructurara la vida para no pensar demasiado, acababa viendo las noticias y teniendo mucho miedo. Nunca por ella, siempre por la gente a la que quería. Siempre pensando "ojalá no les pase nada". Así que necesitaba que la abrazara cada noche, que le rompiera su rutina diciéndole que en lugar de hacer ejercicio jugaran al trivial online y poniéndola películas buenas. Estar juntos fue intenso y ahora recuerda todas las peleas y siente que fueron necesarias. Que también necesitaba explotar, soltar todo el dolor y la preocupación que tenía dentro para después sentirse vacía y volver a por otro abrazo, que él aunque refunfuñara siempre le acababa dando. 


Todo sigue siendo extraño, pero ya puede salir, puede ver a su gente, puede pasear por Madrid. Y le sigue apeteciendo algunas tardes quedarse en casa juntos sin necesitar nada más. Lo malo es que sigue teniendo miedo y empieza a pensar que tendrá que acostumbrarse a vivir así y a que todo sea extraño.


Vértigo



sábado, 16 de mayo de 2020

Valeria - 15 de mayo

Hace mucho que no escribo críticas y las últimas fueron sobre conciertos, tratando de recordarles por escrito más que intentando ser objetiva. 

Nunca he escrito sobre una serie pero nunca hemos estado en esta situación. Así que me doy permiso para hablar sobre Valeria, la última serie que he visto. 

Reconozco que no ha sido mi serie favorita, que la he visto con el interés justo para darle al siguiente capítulo pero sin la intriga de saber qué iba a pasar y sin miedo a terminarla y sentirme vacía. 

¿Por qué escribir sobre ella? Quizás porque es muy madrid. Madrid es el personaje que más me ha gustado de la serie, ver mi ciudad, mis lugares, mis calles llenas de gente, de vida, de pasión. Es cierto que al principio me parecía algo forzado, que no resultaba natural pero al final que madrid estuviera ahí era un motivo para ver la serie. 

Recuerdo la película La virgen de agosto, que me encantó, tan madrid también. Y recuerdo Las altas presiones, una película gallega que me recordó lo que el cine me puede ofrecer. Y quizás, porque la actriz protagonista de Valeria salía en aquella película, esperaba que esta serie fuera una mezcla de aquellas dos películas. Ya sé que no tiene ningún sentido y era una teoría tonta. 

No he leído los libros en los que se basa la serie ni sabía que existían pero me temo que también tenía prejuicios frente a esta serie. 

Podría empezar a criticar guiones y personajes pero al igual que en mis críticas de conciertos, realmente no pretendo criticar, pretendo comentar, sentir, compartir contigo mis impresiones. 

Un día como hoy, el san isidro más raro, me parece curioso terminar una serie tan madrid. En el que los personajes hoy irían a la pradera y comerían rosquillas. Como lo hago yo todos los años. 

En lugar de eso busco el bolígrafo y el papel para tratar de escribir. Busco el móvil para enviar buenos deseos. Y busco una nueva serie. 


Vértigo

sábado, 2 de mayo de 2020

Encerradas

Mira por la ventana y le parece irónico tener una cárcel delante. Ella no puede salir a la calle ni sus vecinas de enfrente tampoco. Es una cárcel especial de mujeres, cree que pueden estar con sus pequeños, que no han cometido delitos graves. Pero tampoco puede asegurarlo, tanto tiempo viendo la cárcel pero nunca se ha informado. Algunas veces ha visto personas en la puerta esperando y ha imaginado que eran sus novios, maridos, hermanos preparados para estar con ellas unos instantes, que seguro que eran inolvidables para unos y para otros. 

Piensa en su vida, en la suerte que ha tenido siempre. Nunca ha cometido ningún delito pero sabe que no todo es mérito suyo. Es fácil hacer las cosas bien cuando todo alrededor está bien. No sabe nada de gente que acaba en la cárcel, más allá de películas y  telediarios. Pero supone que muchas de sus vecinas tuvieron mala suerte. Puede que se juntaran con malas compañías o puede que la mala compañía fuera su familia y ya fuera muy difícil cambiar su destino. Piensa en cuantas veces habrá dicho frases hechas como que cada uno decide el tipo de persona que quiere ser. Ahora piensa que eso es real y es muy fácil cuando la vida no te da golpes, cuando no tienes que preocuparte por comer, cuando no dependes de ninguna sustancia, cuando ser buena gente es lo normal a tu alrededor. 

Tampoco quiere pasarse de romántica, sabe que no todo es blanco o negro, que habrá todo tipo de mujeres y de situaciones. Aunque a veces le cueste verlo, puede que no siempre se pueda culpar a las circunstancias. Ahora que también está encerrada, sabe que no es comparable su encierro al de ellas. Vuelve a sentirse afortunada. Puede que sea el sentimiento que más está teniendo estas semanas. Si la vida hubiera sido diferente, puede que estuviera enfrente y también pensaría en la gente que vive enfrente, en cómo han acabado en un bloque de viviendas y no en una cárcel. Puede que también estuviera con un bolígrafo y un folio, puede que también soñara con escribir. 

Vuelve a mirar por la ventana. El sol está precioso y tiene ganas de salir a la calle, de pasear, de ver a su gente, de dar millones de abrazos. Piensa que cuando salga será diferente, que todo será más intenso, que quizás no sea la misma.  Vuelve a mirar a la cárcel y no sabe, no sabe nada de lo que pasa dentro pero espera que cuando puedan salir también sea para ellas todo diferente y tengan más suerte.


Vértigo


miércoles, 29 de abril de 2020

Cumpleaños

Soplando velas (más que nunca), pidiendo deseos (más que nunca), brindando (a distancia pero como siempre)... Echando de menos y dando las gracias (muchísimas gracias).


La semana pasada cumplía años en un mundo irreal. Miraba por la ventana y miraba la pantalla del móvil y te miraba a ti. Nada parecía suficiente y todo era demasiado. ¿Qué quería? ¿Qué esperaba? ¿Qué sentía? ¿Qué siento ahora?

También miraba el cuaderno sin escribir y pensaba en las historias pendientes, en todo lo que quiero escribir y en cómo los días pasan y las palabras no salen, parece que se quieren quedar dentro de casa y están esperando que sea el momento para salir sin sentirse mal, sin tener que avergonzarse por quejarse, por tener un día tonto o no verlo todo rosa. 

Las palabras saben que es el momento de estar agradecidos, de sentirnos afortunados por estar bien, por tener a la gente de alrededor bien, de cuidarnos, de enviar besos y abrazos virtuales a quienes lo necesitan, de aplaudir a los que pelean, de decir bien alto que lucharemos juntos. 

Y mis palabras, que están acostumbradas a hablar de tonterías, de refunfuñar si no me besaste suficiente, de subirse al cercanías y soñar, de hablar de nada y de todo ahora se sienten perdidas. Prefieren esperar y confiar que habrá tiempo para contar historias, para desvariar, para simplemente salir. 

Cumplo años y me siento perdida. Pero ya sabes que me pasa siempre. Vuelvo a mirar por la ventana, a sentir el sol que entra, a mirar el móvil y los mensajes que llegan, a sonreír porque alguien se ha acordado de mí. Y me dejo de preocupar por no escribir, por no saber qué sentir, por llorar a ratos sin motivo, por soñar con coger el metro. Te digo que me abraces más fuerte, que tu abrazo tiene que compensar todos los que no puedo recibir. 

Cumplo años y dejo de pensar que el mundo irreal me está esperando para que lo viva, porque ya lo estamos viviendo. Lo irreal es tan real que da miedo. Pero no estoy sola y sigo siendo afortunada. 

Vértigo


miércoles, 18 de marzo de 2020

Atrapados

¿Recuerdas cuando todo era normal?. Parece que hace una eternidad. "¿Normal?", me reprochas. Me dices que nunca nada ha sido normal, que siempre me he alterado de más, que he buscado excusas para mi intensidad, que también antes te daba besos sin motivo y te decía que me dejarás sin razón.

Te digo que todo ha cambiado, que ahora las cosas son distintas, que no puedo cruzar la puerta, que el sol me quemará y que estamos atrapados en nuestro pequeño hogar. "¿Hogar?". "Nunca ha sido un hogar" me dices, "solo nuestra casita que estamos tratando de encajar". Te digo que ya no es tan sencillo. "¿Y cuando lo fue?" me dices. "¿Atrapados?" me repites pareciendo que te burlas de mí. "No estamos atrapados, estamos juntos", remarcas con intensidad. 

Te miro y te vuelvo a mirar. Me sonríes. A veces me parece que no sabes cómo tratarme, que me haces estallar y que me vuelves loca. Pero otras veces, la locura que me vuelves parece mágica, me calmas, me abrazas y todo parece sencillo. 

"¿Crees que nuestra relación sobrevivirá a esto?" te pregunto. "¿Qué es esto?" me contestas. "¿La vida?" me dices. Te miro sorprendida, buscando respuestas en tu mirada. "Y yo que sé" me dices, "sigamos juntos hasta mañana y ya iremos viendo".

Vértigo



domingo, 1 de marzo de 2020

Escribir

Llega marzo y me da miedo coger el bolígrafo. Me regalan un cuaderno perfecto, lo dejó encima de la mesilla y lo miro de reojo. No empiezo la novela pendiente, ni aquella idea que lleva meses rondando mi cabeza, ni el relato para  el concurso de todos los años, ni siquiera un texto corto para subir al blog, en los que me resultaba fácil sacar lo que llevaba dentro. 

Cada mañana camino del cercanías pienso en escribir, en las ganas que tengo, en todo lo que quiero plasmar en un papel. Las ideas revolotean en mi cabeza, los sentimientos parecen más intensos que nunca, creo que podría escribir y no parar nunca. Me subo al tren, envío mis sentimientos por whatsapp, te digo que ya te echo de menos, deseo buenos días y la vida que imagino parece posible. 

Llego al trabajo, sonrío, voy a por agua y vuelvo a sonreír. Trabajo, tecleo fuerte, pienso y trato de que mi cabeza no pare. No lo hace, intento no cometer errores, bajo mi tono de voz para no molestar, creo que parezco calmada pero nadie se lo cree. 

Salgo del trabajo cuando el sol se ha ido y de camino me siento cansada. Gimnasio, super, sofá, me debato qué hacer. A veces te propongo un paseo y parece que el día es diferente. Otras sólo soy capaz de llegar y dejar de pensar. Pongo una serie y olvido el mundo. Alguna vez te digo que sea fiesta, que abramos una botella de vino y que me beses más fuerte. 

Cuando me quiero dar cuenta es hora de dormir y no he escrito ni una palabra. Diría que me arrepiento pero no lo sé. Me digo que al día siguiente escribiré, que lo necesito, que la vida no puede ser así pero algunos días no soy capaz de creérmelo. 

Vuelve a amanecer y repito mi rutina. Me asusta ver que pasan los días. Llega marzo y mis ganas de escribir siguen creciendo. Por fin, un domingo cualquiera, me siento delante del ordenador mientras duermes la siesta y nada me parece tan complicado. Me digo que escribiré las historias pendientes y aunque sé que no será tan pronto como ahora creo, sé  que lo acabaré haciendo porque lo necesito y lo siento dentro.

Vértigo


lunes, 13 de enero de 2020

Comienzos

El curso, el año, la vida empezaba en octubre. ¿Recuerdas?

Hacíamos los exámenes de septiembre, la matrícula y mirábamos hacia el futuro. En septiembre todo terminaba, hasta lo hicimos nosotros, y en octubre todo empezaba. Me teñía el pelo, me decía que iría bien, escribía algún relato con buenas intenciones sobre asignaturas pendientes y comenzaba de nuevo. Decía que nada terminaba en nochevieja, que todo lo hacía en septiembre. 

Pero ya hace demasiado tiempo que las clases terminaron, que las vacaciones son en cualquier mes, que nada cambia en octubre, que dejé de teñirme, que sólo sigue presente mi miedo a septiembre. ¿Debería empezar en enero todo? O quizás nada debería terminar. 

Se acabó el año y seguí mis nuevas costumbres. Aunque ya llevan tanto tiempo que parecen tradiciones. Escribo mi correo fin de año, preparo mi foto resumen, envío buenos deseos por correo postal (como siempre), bailo en el salón, paseo sin destino, brindo como lo hacía mi abuelo, tomo las uvas y sueño despierta, dudo si algo termina, si algo comienza.

Y claro que lo hace, pero consigo entender que igual que cada día. Cada vez que despierto es mi nuevo comienzo, mi nueva oportunidad. No es que mi mundo termine cada noche, no es que me vuelvas a dejar, no es que tenga que reinventarme, no es que nada acabe. Es que tengo la posibilidad de escribir mi historia cada vez que suena el despertador.

Vértigo