miércoles, 18 de marzo de 2020

Atrapados

¿Recuerdas cuando todo era normal?. Parece que hace una eternidad. "¿Normal?", me reprochas. Me dices que nunca nada ha sido normal, que siempre me he alterado de más, que he buscado excusas para mi intensidad, que también antes te daba besos sin motivo y te decía que me dejarás sin razón.

Te digo que todo ha cambiado, que ahora las cosas son distintas, que no puedo cruzar la puerta, que el sol me quemará y que estamos atrapados en nuestro pequeño hogar. "¿Hogar?". "Nunca ha sido un hogar" me dices, "solo nuestra casita que estamos tratando de encajar". Te digo que ya no es tan sencillo. "¿Y cuando lo fue?" me dices. "¿Atrapados?" me repites pareciendo que te burlas de mí. "No estamos atrapados, estamos juntos", remarcas con intensidad. 

Te miro y te vuelvo a mirar. Me sonríes. A veces me parece que no sabes cómo tratarme, que me haces estallar y que me vuelves loca. Pero otras veces, la locura que me vuelves parece mágica, me calmas, me abrazas y todo parece sencillo. 

"¿Crees que nuestra relación sobrevivirá a esto?" te pregunto. "¿Qué es esto?" me contestas. "¿La vida?" me dices. Te miro sorprendida, buscando respuestas en tu mirada. "Y yo que sé" me dices, "sigamos juntos hasta mañana y ya iremos viendo".

Vértigo



domingo, 1 de marzo de 2020

Escribir

Llega marzo y me da miedo coger el bolígrafo. Me regalan un cuaderno perfecto, lo dejó encima de la mesilla y lo miro de reojo. No empiezo la novela pendiente, ni aquella idea que lleva meses rondando mi cabeza, ni el relato para  el concurso de todos los años, ni siquiera un texto corto para subir al blog, en los que me resultaba fácil sacar lo que llevaba dentro. 

Cada mañana camino del cercanías pienso en escribir, en las ganas que tengo, en todo lo que quiero plasmar en un papel. Las ideas revolotean en mi cabeza, los sentimientos parecen más intensos que nunca, creo que podría escribir y no parar nunca. Me subo al tren, envío mis sentimientos por whatsapp, te digo que ya te echo de menos, deseo buenos días y la vida que imagino parece posible. 

Llego al trabajo, sonrío, voy a por agua y vuelvo a sonreír. Trabajo, tecleo fuerte, pienso y trato de que mi cabeza no pare. No lo hace, intento no cometer errores, bajo mi tono de voz para no molestar, creo que parezco calmada pero nadie se lo cree. 

Salgo del trabajo cuando el sol se ha ido y de camino me siento cansada. Gimnasio, super, sofá, me debato qué hacer. A veces te propongo un paseo y parece que el día es diferente. Otras sólo soy capaz de llegar y dejar de pensar. Pongo una serie y olvido el mundo. Alguna vez te digo que sea fiesta, que abramos una botella de vino y que me beses más fuerte. 

Cuando me quiero dar cuenta es hora de dormir y no he escrito ni una palabra. Diría que me arrepiento pero no lo sé. Me digo que al día siguiente escribiré, que lo necesito, que la vida no puede ser así pero algunos días no soy capaz de creérmelo. 

Vuelve a amanecer y repito mi rutina. Me asusta ver que pasan los días. Llega marzo y mis ganas de escribir siguen creciendo. Por fin, un domingo cualquiera, me siento delante del ordenador mientras duermes la siesta y nada me parece tan complicado. Me digo que escribiré las historias pendientes y aunque sé que no será tan pronto como ahora creo, sé  que lo acabaré haciendo porque lo necesito y lo siento dentro.

Vértigo


lunes, 13 de enero de 2020

Comienzos

El curso, el año, la vida empezaba en octubre. ¿Recuerdas?

Hacíamos los exámenes de septiembre, la matrícula y mirábamos hacia el futuro. En septiembre todo terminaba, hasta lo hicimos nosotros, y en octubre todo empezaba. Me teñía el pelo, me decía que iría bien, escribía algún relato con buenas intenciones sobre asignaturas pendientes y comenzaba de nuevo. Decía que nada terminaba en nochevieja, que todo lo hacía en septiembre. 

Pero ya hace demasiado tiempo que las clases terminaron, que las vacaciones son en cualquier mes, que nada cambia en octubre, que dejé de teñirme, que sólo sigue presente mi miedo a septiembre. ¿Debería empezar en enero todo? O quizás nada debería terminar. 

Se acabó el año y seguí mis nuevas costumbres. Aunque ya llevan tanto tiempo que parecen tradiciones. Escribo mi correo fin de año, preparo mi foto resumen, envío buenos deseos por correo postal (como siempre), bailo en el salón, paseo sin destino, brindo como lo hacía mi abuelo, tomo las uvas y sueño despierta, dudo si algo termina, si algo comienza.

Y claro que lo hace, pero consigo entender que igual que cada día. Cada vez que despierto es mi nuevo comienzo, mi nueva oportunidad. No es que mi mundo termine cada noche, no es que me vuelvas a dejar, no es que tenga que reinventarme, no es que nada acabe. Es que tengo la posibilidad de escribir mi historia cada vez que suena el despertador.

Vértigo



viernes, 27 de diciembre de 2019

Vida perfecta

Habla de su día a día y yo la escucho atentamente. Parece feliz, tiene todo lo que alguna vez pidió: un marido atento con un buen sueldo que cuida de ella y una peque por la que mataría. 

Su vida programada se está cumpliendo y ella siente que sólo puede estar agradecida. Vuelvo a mirarla cuando habla de tener un segundo hijo, de comprarse una casa, de quedar para comer. Y no la noto feliz. Quiero preguntarle qué pasa, qué ocurre. Pero no hace falta, me lo cuenta como si no fuera importante. 

Nada es tan perfecto, él no es tan atento cada día, no le siente cerca a veces, le parece que algo le falta. No duda, ni lo dudo yo, que se quieren, que juntos están bien, que podrían pasar la vida juntos y seguir bien. La pregunta es si estar bien es suficiente. Habla del matrimonio para toda la vida, de su fe, de sus ideas religiosas, de seguir luchando. 

Y a mí me da pena pensar que no será más feliz, que se tendrá que conformar con estar bien, que siempre dudará si hubiera estado mejor siguiendo otro camino.

Pienso en mí, en mi día a día, en mi felicidad, en la imperfección de mi mundo, en mi puerta siempre abierta para salir y buscar otras alternativas. Tampoco nada es como hubiera soñado. Supongo que porque nunca lo soñé. Nada es perfecto pero puede que lo prefiera imperfecto con pasiones los martes y calma los miércoles. Cuento que discuto demasiado y que me reconcilio más. Y que lo estamos viendo. 

Veo cómo me mira y puede que también sienta pena por mi imperfección. Y entiendo que fue fácil juzgar su vida desde fuera pero que realmente no debería porque no tengo ni idea de lo que pasa cuando se cierra la puerta.

Vértigo


miércoles, 11 de diciembre de 2019

Atracción

Le mira y siente que vuelve a la adolescencia, al pasado, a la intensidad de cada sentimiento y cada segundo. Le mira y duda, no sabe qué pasaría si él le dijera que le agarre de la mano y le acompañe a su habitación de hotel.

Nada tiene sentido, su vida está junto a otra persona, a la que quiere, por la que se siente atraída, que le hace feliz. No serán estables, discutirán demasiado, quizás sobre pasión, pero es con quien quiere estar, con quien construye un futuro y por primera vez se atreve a pensar que puede ser el hombre de su vida. 

Pero de repente está más insegura que nunca. No entiende nada. Ni es guapo, ni es lo que hubiera dicho su tipo (si es que tuviera) y parece bastante perdido en el amor y en la vida. Pero conectan, o eso piensa ella, y le dice que otro vino y no sabe decirle que no.

Seguramente él no la mira como le mira ella. Y esa posibilidad hipotética es irreal. Pero ella se llena de dudas, de preguntas, de opciones. Se plantea si le gustaría dormir a su lado y que le haga llegar a otros mundos. Se sonroja diciéndose que seguro que estaría bien. Pero se da cuenta de que su fantasía termina ahí. Que con quien quiere estar la espera en casa, que con él quiere algo más que recorrer otros mundos, con él quiere avanzar y además, sigue queriendo que le recorra el cuerpo.

Acepta un vino más pero sabe que no aceptará nada más. Aunque no se lo propondrán y sólo será una película en su cabeza que le servirá para reforzar su amor y que su decisión es correcta.

Vértigo

martes, 3 de diciembre de 2019

La cabina

Todavía estaba medio dormida, acababa de salir de casa y estaba amaneciendo, cuando le vio llamando desde la cabina telefónica. 

Pasaba por allí todos los días pero nunca se había fijado en la cabina. Ahora la escena le parecía sacada de otra época. No le conocía, ni le sonaba su cara del barrio pero pensó en preguntarle si estaba bien, si necesitaba un móvil, si le podía ayudar. No lo hizo, seguramente estaba haciendo una llamada normal y su mundo no se estaba acabando. En otros tiempos no le hubiera parecido tan raro.

Le vinieron a la mente otras cabinas telefónicas, otra vida. Recordó a sus padres en las vacaciones de verano buscando cabinas para llamar a sus abuelos, solo para ver que todo estaba bien. Se acordó de monedas, de tarjetas prepago, de su piel morena, de los helados, del mar, de jugar, de mirar al futuro con todas las posibilidades.

Recuerda las vacaciones de estos años, buscando wifi o comprando  tarjetas de datos, con el mismo objetivo, solo queriendo saber que todos están bien.

Pero el futuro ahora lo mira diferente. Parece que las posibilidades han cambiado. Ya no se siente ni tan fuerte ni tan segura. Seguir diciendo que cambiará el mundo le parece estúpido y creer que algún día publicará una novela que ni ha empezado parece irreal. Los sueños se están quedando guardados en un cajón.

Llega al trabajo un poco más abatida que otros días y se pregunta si es posible tener nostalgia de una vida que no ha tenido. No se podrá quejar, no lo hará, sonreirá como siempre y se preguntará si todavía está a tiempo. Volverá a casa y buscará su propia caja de pandora. Llorará esa noche, le abrazará más fuerte y dormirá queriendo volver a soñar.

Al día siguiente se pintará los labios de rojo y, al pasar por la cabina, sonreirá. Se dará cuenta que ya no mira tanto al futuro como cuando era niña porque ahora mira al presente, sigue llamando a sus padres, sigue luchando por su mundo y puede que la novela no sea tan importante.

Vértigo


jueves, 21 de noviembre de 2019

Moebius


Llega un correo a mi bandeja de entrada y por un segundo mi mundo se para. Pensé que ya no podías hacerlo pero lo consigues, aunque esta vez sólo durante un instante. El correo es breve. Me dices: "No he podido evitar acordarme de ti al leer este artículo  :)" Y me envías un enlace a un artículo sobre Moebius. Primero me sorprendo y tardo otro instante en entenderlo. Recuerdo aquel trabajo que hicimos juntos sobre Moebius en aquella asignatura que te apuntaste por mí. Vuelven recuerdos que parecían olvidados, como cuando criticaste que pusiera el título en rojo kétchup y como cuando nos mirábamos y todo se paraba. Empezamos ese trabajo siendo amigos y creo recordar que lo terminamos siendo algo más. Ha pasado una eternidad, quizás algo más. Otra vez mi cabeza se hubiera ido al final, a los malos momentos, a mi dolor. Esta vez me llevas al comienzo, a lo bonito, a cuando lo difícil fue dar el paso y lo increíble fueron los meses siguientes. Te he escrito demasiados relatos que nunca te dejaré leer, te he utilizado como recurso literario me temo, no sé en qué te he convertido. Tu correo me hace preguntarme si podríamos volver a ser amigos, si podría enviarte relatos para que me revises los puntos y coma, si podría ayudarte con tus funciones de navidad, si podríamos volver a hablar de todo, de mi chico, de tu mujer y tus niños, de nuestros miedos y recuperar una amistad que nunca debió terminar. Me lo pregunto y me gustaría preguntártelo, contestarte al correo diciéndote que volvamos a ser amigos, que me cuentes qué tal todo, que empecemos de nuevo. Miro el correo y dudo qué decirte. Al final escribo un "Gracias, buen artículo" y le doy a enviar sin pensar mucho más. Quizás todo esté mejor así. 


Vértigo