domingo, 21 de agosto de 2016

Imposible

Nos encontramos en los imposibles,
cuando ningún futuro nos espera,
y el pasado nos pesa.

Nos miramos sabiendo que no,
no es nuestro momento y
y nunca lo será.

En otra vida somos marido y mujer,
me puse un horrible vestido blanco,
tú me juraste amor eterno,
ninguno siendo sincero.

En esta vida no somos pareja,
ni nos hemos querido,
pero nos seguimos necesitando.

Nos escuchamos sabiendo que mentimos,
dirán que otros son los engañados,
pero tú y yo sabemos que lo somos nosotros.

Somos el error permanente,
el amor que no existe,
el fracaso que no fracasa.

Nos miramos y nos sentimos avanzar,
pero sólo lo hacemos cuando no nos miramos,
y nos cuesta demasiado no hacerlo.

Nos tenemos enfrente y dudamos,
seguir equivocándonos juntos
o empezar a acertar separados.

Nos decimos que se acabó,
pero sabemos que nunca empezó
y volvemos a estar en el imposible.



Vértigo

lunes, 11 de julio de 2016

Debajo de la manta

Escondida debajo de la manta,
dejando ver sólo mis ojos,
y tratando de evitar que los pies se escapen,
te observo moverte por la casa.

No hago ruido y trato de ser invisible,
imaginando tu mundo sin mí,
planteándome otras vidas,
preguntándome qué hubiera pasado,
qué sería de nosotros
si el destino no hubiera jugado a jugar.

Quizás hubieras conocido otros amores,
quizás hubiera seguido fracasando,
quizás en este mismo instante,
pensaríamos en el destino.

Te sigo observando de un lado a otro,
preparando la cena y las palomitas,
diciendo que se hace tarde,
que decidamos pizza y película,
escuchando mi silencio.

Mientras sigo recordando,
pensando en aquella larga noche,
en la que todo pudo cambiar,
y en la que todo cambió.

Mi vida se había vuelto extraña,
y estaba empezando a dudar,
cometiendo errores sabiendo que eran errores,
dejando de luchar en guerras imposibles.

Abría historias y no conseguía cerrarlas,
buscaba rumbos que parecían perdidos,
buscaba soluciones a problemas sin solución,
buscaba olvidando la brújula del bolso,
buscaba sabiendo que no buscaba.

Aquella noche me disfracé,
me puse un vestido rosa y tacones,
me pinté los labios de rojo chanel,
nunca había sido tan rubia,
nunca había sido tan personaje.

Empecé la noche con canciones,
con sentimientos guardados.
con palabras que se decían sin decir,
sin miedo a estar sola y con miedo a sentir.

Apareciste sin hacer ruido,
fijándote en mis cuernos y en mi mirada,
atravesando el rubio y el vestido,
viendo más de lo que se veía,
y proponiéndome sinceridad.

Ahora te observo debajo de la manta,
con el pelo castaño y la cara lavada,
vigilando que los pies no se escapen,
siendo persona y no personaje.

Te acercas y me das un beso,
me dices que baje de las nubes,
te digo que subas conmigo,
demostramos que es posible el equilibrio,
que la magia y la realidad conviven,
que somos tú y yo y a la vez nosotros.

Vértigo

miércoles, 2 de marzo de 2016

Pase lo que pase

Está sentada observando a su alrededor. Ha sido un día especial, una de sus mejores amigas ha firmado un contrato con un chico al que conoció una noche de borrachera hace ya algunos años y que dice será el amor de su vida.

Se han vestido de gala, la novia de blanco, el novio de chaqué y ella se compró su primer vestido largo con el que va barriendo el suelo. Cada vez que se mira en el espejo tiene que hacerlo dos veces para poder reconocerse: el peinado, el maquillaje, el tocado imposible y los pendientes de su madre. Se siente como cuando era pequeña y en la actuación de fin de curso se disfrazaba de mayor y se sentía tan diferente con los labios pintados. 

Observa mientras suena paquito el chocolatero y la novia baila tan feliz aunque hace una semana dijera que no sonaría en su boda. Se le acerca el primo del que llevan meses hablándole y que hasta que no se ha tomado tres copas ni la miraba. Le dice que está cansada, que le duelen los pies y que prefiere seguir sola. Él, aturdido con la respuesta, vuelve a la pista y agarra la primera cintura que ve.

Ya se han ido todos sus amigos que tienen niños, que no han dejado de hablar de pañales, leche materna y partos dolorosos. Sonríe al recordar como era imposible que un sábado se fueran a dormir antes de las siete y ahora sus sábados acaban a las once.  La sonrisa se le pasa cuando piensa en lo fuerte que parecía su amistad, “pase lo que pase seguiremos siendo amigas”, lo decían, lo sentían y se lo creían.

Quizás sólo se engañaban a si mismas y no hay que buscar culpables. Los novios y  maridos complicaron quedadas y noches de amigas, pero seguían estando ahí, seguían formando parte, seguía siendo un “pase lo que pase”.

Pero pasaron los niños y ahora se da cuenta que es un club exclusivo al que no se puede entrar si no se habla de cochecitos, guarderías e infecciones. Ya no encaja en sus planes, aunque a ella no le importe ir a merendar en vez de ir de botellón; dejaron de avisarla, hicieron que ya no forme parte. 

Mira a la novia y se pregunta si pasará lo mismo, ya han hablado de que quiere ser madre pronto y tiene miedo de perder otra amiga, que no vea que siguen siendo compatibles.

Le empiezan a doler las etiquetas. Hoy se ha sentido muy marcada por algo que no le preocupa, que no le quita el sueño. Lleva todo el día escuchando las estúpidas frases: si viene sola, si no tiene novio, si sabe que se le va a pasar el arroz… “¿Qué arroz”, se pregunta ella. 

Siempre le ha gustado sentirse libre para vivir la vida que ha querido, lo único que le entristece es ver que se confundió al creerse algún “pase lo que pase”, que confió en gente que no debería, que espera no volver a equivocarse. 

La novia la observa a ella esta vez, realmente lo hizo muchas veces pero ella no se dio cuenta. Se sienta a su lado y le pregunta un “qué tal” como si encontraran por la calle, como si fuera un whatsapp, como si fueran las palabras perfectas. 

Se miran y sonríen. Hablan de todo y de nada y parece que hay esperanza. “¿Sabes?, te voy a contar un secreto”, le dice la novia, “estoy embarazada”. Se abrazan en un abrazo en el que sin  palabras se entienden. “Seguiremos siendo amigas” le promete y se abrazan de nuevo.

Está sentada observando, han pasado algunos años y observa como los niños juegan en el parque pero no lo hace sola, su amiga está su lado proponiéndole que el viernes cenen juntas.

Sus vidas son diferentes, una hace comparativos de colegios, la otra de vacaciones lejanas, una sabe de juguetes y la otra de restaurantes de moda. Pero su amistad es real, su “pase lo que pase” es auténtico.


Vértigo

martes, 16 de febrero de 2016

Golpes

“No vales para nada” le volvió a decir, como todas las noches. Escuchaba bajando la mirada, creyéndose las palabras, sintiéndose culpable por no ser suficiente.

En el trabajo no conseguía ascender, en casa se le seguían agarrando las lentejas y los niños no le hacían caso cuando les mandaba lavar los dientes.

“Menos mal que me tienes a mí” le repetía, “nadie te querría si no lo hiciera yo”, “no podrías sobrevivir” le seguía diciendo y cada vez lo interiorizaba más.

Su madre llamaba los lunes y siempre le decía que todo iba bien. Aunque ella notaba la tristeza. Había pasado de ser alguien con quien hablar, con quien reír, con quien estar, a ser alguien que no estaba cuando estaba cerca, siempre ausente, siempre con la mirada perdida, con inseguridades y miedos.

Abandonó todas sus actividades, el gimnasio, escuchar a cantautores, hasta había dejado de escribir. Ya no le quedaban casi válvulas de escape. Quedaba una: sus niños. Por ellos la vida seguía mereciendo la pena, todo seguía teniendo sentido, todo se podía aguantar.

Aunque tuviera que escuchar “mejor que no aprendan de ti”, ni pudiera hablarles de sueños, de cuando era joven y quería escribir, de un futuro en el que ya no creía.

Cada noche era la misma historia, a veces las palabras eran menos duras, otras sólo esperaba que los niños no escucharán los gritos.

Una noche de navidades llegó tarde a casa, ya había avisado que era la cena de navidad de la empresa y no podía faltar. Cuando entró por la puerta intentando no hacer ruido, le estaban esperando.

Pensó que sería lo de siempre, pero las palabras se fueron elevando y elevando hasta que recibió el primer guantazo. Fue a levantar la mano para devolverlo hasta que ella le miró con esa mirada que le decía que era la madre de sus hijos y que pegarla sólo sería un error. Se quedó inmóvil y recibió más golpes y más insultos.

Fue la primera de muchas noches en la que se convirtió en saco de golpes. Ella de vez en cuando le daba un beso y le decía que no volvería a pasar.

Él trataba de ocultar los moratones y el dolor, aguantaba que sus amigos dijeran que “tenía mucha suerte por tenerla” y sabía que nadie le entendería y que si se marchaba nunca volvería a ver sus hijos.



Vértigo



viernes, 29 de enero de 2016

Me gusta

Me gusta ser tu rubia de labios rojos
que bebe tinto de verano (con limón),
lleva vestido y tacones, 
escucha a ismael serrano 
y sonríe eternamente. 

Que te besa cuando no te lo esperas,
que se pone a hablar sin parar
sobre sus mundos mágicos,
sus palabras, sus batallas ganadas
y sobre cómo te va a enamorar. 

Me gusta ser tu rubia de labios rojos,
que me mires con deseo y miedo,
sabiendo que podrías ser feliz a mi lado
y ser infeliz si me marcho,
pensando que el poder lo tengo yo. 

Aunque el poder no exista,
o quizás lo tengamos los dos,
o no lo tengamos ninguno. 
Y el único que pueda ser real,
quizás sea el de los besos.

Me gusta que descubras que no existo,
que el rubio es de bote,
el pintalabios de chanel,
los tacones me los quito
y me gusta ir con vaqueros.

Que tengo infinitos miedos,
que he fracasado mil veces,
que no sé nada del amor
y que cuanto más hablo,
más insegura estoy.

Voy perdiendo el rubio a tu lado,
voy encontrando el norte,
voy descubriendo que no tengo que mentir,
ni pretender ser un personaje,
ni saber siempre lo que decir.

Me gusta que seas tú a mi lado
me gusta ser yo a tu lado,
con tacones o zapatillas de casa,
con el pelo rubio o castaño,
y que me quites el rojo chanel con tus besos.



Vértigo

martes, 19 de enero de 2016

¿Recuerdas?

¿Recuerdas cuando fui incertidumbre y tú eras mi principio?
Cuando yo dejaba al boli correr y tú leías poniendo puntos y comas.
Cuando aprender era lo importante y suspender no lo era tanto.
Cuando besarse se volvió inevitable.

¿Recuerdas lo que sentías?
La magia al escuchar el despertador,
las ganas de ir a la universidad,
las mariposas de las que hablan las películas,
el amor como nunca había existido.

¿Recuerdas tener el mundo por delante?
La juventud nos lo ofrecía todo,
el miedo no impedía nada,
los sueños parecían cumplirse,
sólo nos necesitábamos el uno al otro.

¿Recuerdas sentir que era posible?
Pasar de la amistad al amor,
ser el tópico real y feliz,
apoyarse y quererse,
sonreír y que todo cambiara.

¿Me recuerdas algunas noches?
Cuando el día ha sido duro y quieres dormir,
cuando miras tu vida y notas mi ausencia,
cuando imaginas otros mundos.

¿Recuerdas recordarme?
¿O mi recuerdo ya ni es un recuerdo?

A veces recuerdo recodarte,
a veces duele tu recuerdo,
a veces olvido tu recuerdo;
pero siempre recuerdo tus puntos y coma.



Vértigo

viernes, 1 de enero de 2016

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Vértigo