Pasé a su lado y mi mirada paró en ella. Traté de imaginar su historia. Pero no pude.
No tenía el rostro triste, ni la visión perdida, ni un cuerpo insano, ni nervios de estar esperando. Una sudadera blanca, unos pantalones anchos, unas zapatillas; nada insinuante, nada retadora, nada grave.
Podría haber coincidido con ella en el instituto, o habernos encontrado en una tienda mirando camisetas, o una noche bailando en un bar… Ya estoy imaginando lo que pudo ser su vida, pero no la conozco.
Sólo sé que parece de mi edad, que a primeras no parece infeliz. Y por mucho que busqué en sus ojos no parecía estar mal.
Supongo que quería buscar traumas, dolores, pesadillas… O no los tiene, o los disimula bien.
Siempre respeté su profesión. Pero la imaginé oscura, dura, desagradable, triste.
No digo que ya no crea que lo sea, sólo que me resultó extraño ver a una chica esperando a que aparezca algún cliente apoyada en la pared al sol con la misma apariencia con la que otras esperan a sus novios.
Vértigo
