martes, 21 de marzo de 2017

Para ti

Una vez escribí un relato con propiedades mágicas,
el destinatario todavía lo recuerda,
aunque en alguna mudanza lo perdió. 

Era una historia con círculos,
en la que se podía volver al principio,
y lo que importaba era la buena intención,
como cuando éramos niños.

El único objetivo de aquel relato se consiguió,
era hacerle sonreír y feliz durante unos instantes,
pero hubo otros efectos no planeados,
y el amor acabó naciendo en el desierto. 

Vuelvo a coger el boli cuando ha pasado infinito,
con un objetivo igual de honesto,
no queriendo premios ni alabanzas,
simplemente buscando que tú te encuentres en mis líneas,
que vivas en mi mundo durante unos segundos,
que recuerdes que sigue mereciendo la pena.

¿Qué merece la pena?, puede que me preguntes,
una mirada puede que fuera suficiente respuesta,
no la mía, lo sabes, la de quien te espera en casa,
que te llama con cuatro letras y todo el amor,
que te hará saber que mañana saldrá el sol.

Mientras yo seguiré peleándome con el boli,
tratando de terminar un poema sin final,
porque como en aquella historia que escribí,
cuando se llega al final se vuelve al principio, 
y empezamos a hablar de historias mágicas.



Vértigo


lunes, 6 de febrero de 2017

Románticos

Aquel niño quiere ser inventor, crear nuevos objetos, soluciones para pequeños y grandes problemas, desarrollar las ideas que vienen a su cabeza. Aquella niña quiere crear una empresa en la que poder demostrar que con las energías renovables se puede hacer dinero mientras su amiga quiere ser la que investigue las posibilidades que puede ofrecer el sol. Los dos sentados al fondo quieren un futuro tranquilo, un trabajo de oficina con un sueldo con el que pagar la hipoteca y las vacaciones. Los de segunda fila imaginan el dinero que les dará un buen trabajo, aunque tengan que dedicar muchas horas y mucho esfuerzo pero piensan que merecerá la pena. El niño tímido de tercera fila tiene en mente a su madre, con su pierna ortopédica y cree que podrá inventar una solución que le haga la vida más fácil. A su lado, una niña piensa en sus abuelos y en lo que las tecnologías podrán hacer por ellos. Un grupo que todavía está en la puerta debate si se podría llevar electricidad a pequeños pueblos africanos. Un niño sentado junto a la pared sabe que sólo querrá un trabajo y que la formación puede que le ayude. Una niña que mira por la ventana sueña con crear un mundo mejor y cree, firmemente, que estudiando una ingeniería tendrá los conocimientos y las armas necesarias para poder conseguirlo. 

Y yo, que les observo desde fuera, quiero creer que cada uno será capaz de alcanzar sus sueños. 

Me duele viajar al futuro y encontrarme una realidad distinta. Después de estar peleando por unos estudios que quitan horas de juventud, demasiados pasaron por el desempleo, aunque les habían prometido mil veces que con su carrera no habría paro. Algunos acabaron consiguiendo sus sueños pero la mayoría tuvieron que dejarlos encerrados en un cajón que no les daba tiempo a mirar porque a veces, la vida no te deja ni recordar tu pasado. 

Los que querían investigar no consiguieron financiación para sus ideas, muy ambiciosas les decían, nadie quería asumir riesgos sin saber que pronto habría beneficios. Y tuvieron que buscar un trabajo "normal" con el que pagar el alquiler y ver como el tiempo desaparecía. Los trabajos de oficina no resultaron tan tranquilos, los sueldos no eran lo esperado y siempre había que quedarse "un ratito más". África parecía estar muy lejos y no importarle a nadie, se juntaron unos cuantos y se fueron a ayudar, cambiaron un poquito el mundo pero si alguien hubiera apostado por ellos lo hubieran hecho mucho más. Aquella niña que se sentía con conocimientos y con armas se acabó sintiendo atrapada en un mundo que mueve el dinero.

Puede no parecer una decisión romántica estudiar una carrera de ciencias, pero puede que lo que no lo sea, sea el resultado.

Vuelvo a viajar a un futuro más lejano y quiero confiar en cambios, en posibilidades, en apostar por lo correcto, en que estos niños lleguen a ser los que tomen las decisiones sin olvidar lo que un día soñaron.


Vértigo

miércoles, 18 de enero de 2017

¿Qué personaje de película te gustaría ser y por qué?

Al hacerme la pregunta en la cabeza, es inevitable pensar en mis películas favoritas, las que he visto infinidad de veces, recuerdo sus frases, siento a sus personajes y alguna vez he soñado estar dentro de ellas. 

Pienso en el personaje de Charlotte en Lost in translation, en esa sensualidad e inocencia que transmite (que a quien no le gustaría tener) y me planteo si me gustaría ser ella: una chica recién casada que se siente perdida con su vida, que no sabe qué hacer, que está en Tokio sin poder dormir por las noches y que siente una extraña y mágica conexión con el personaje de Bill Murray.

No puedo negar que me he sentido identificada con ella, que conozco esa sensación de no saber hacia dónde ir, que encuentro conexiones imposibles y que a veces no entiendo nada de lo que pasa a mi alrededor. Pero, ¿querer ser ella?. Me temo que no, que el insomnio me da miedo, que mirar a un marido y tener dudas me asusta, que sentirme sola no es mi sueño. 

Pasan por mi cabeza otras películas, otros personajes. Y recuerdo a Ana de Los amantes del círculo polar, con ese nombre capicúa, enamorada de otro nombre capicúa, Otto, con una historia de amor que contar. Una mujer valiente, arriesgada, con ideas claras y confusas, que deja notas diciendo "valiente", que se marcha al círculo polar ártico, que sabe lo que es el amor. Pienso en esa escena en la Plaza Mayor de Madrid en la que Ana y Otto se cruzan pero no se ven, esa escena tan poética, que tanto me gusta. 

Pienso y me imagino viviéndola, viviendo su historia de amor, con su pasión y su sufrimiento, con su final infeliz, escribiendo círculos. Y no quiero ese amor, ese dolor, no quiero ser Ana, no quiero acabar perdiendo a Otto como le pierde ella, cuando todavía les quedaba mucho por vivir.

Mi cabeza se sigue moviendo y aparece en una película que siempre me deja con buenas sensaciones: happythankyoumoreplease. Y me imagino siendo su protagonista: Sam. Un escritor experto en historias cortas. No me parece una mala idea ser él (ya que ni siquiera llego a aspirante a escritora), parece un buen tipo pero realmente, como le dice Mississipi, le gustan las historias cortas. Y puede que como ella, yo ya está preparada para la novela. 

Intento pensar en películas ligeras con finales felices y personajes que querer ser. Pienso en aquella película de Sandra Bullock que siempre veo cuando la ponen por televisión: Mientras dormías. Un buen final para ella, pero su personaje ha tenido una vida dura y sinceramente, no querría haber tenido esa vida. Ya sé que la vida no es fácil, pero si puedo soñar, ¿sería mejor una vida sin problemas?

Empiezo a buscar personajes en películas irreales, en las que sale Jennifer López  y todo puede ser un cuento. Y por un instante, pienso que igual quiero organizar bodas y enamorarme de uno de los novios. Pero al instante siguiente me doy cuenta que no, que siendo un personaje de una película vacía me sentiría encerrada y buscaría realidad.

Recuerdo una película pequeña, gallega, Las altas presiones, que me pareció real, con personajes con problemas normales, con vidas con sus complicaciones, con sus fracasos y con sus aciertos. Y quizás podría vivir dentro de aquella película. Aunque no me identifique con ningún personaje y no quiera ser ninguno.

Pienso en mi vida, en mí, en lo bueno y en lo malo que me ha pasado, en mis enormes defectos y en lo querría cambiar. Quizás si fuera un personaje de película trataría de evitar el dolor, pero quizás la vida ya no sería vida y quizás ya no merecería la pena.

Pienso en mi misma, que no soy personaje, por suerte, tengo más dobleces, más aristas, más detalles que los que ningún gran escritor pueda crear. Si me quitara mis defectos, puede que él no se hubiera enamorado de mí.

Supongo que al final, puedo decir que el único personaje que quiero ser es yo misma y que la única película que quiero protagonizar es mi vida.

Vértigo


lunes, 12 de diciembre de 2016

Soltera

Llega a casa después de una típica noche de domingo. Llovía y acabaron en un centro comercial, cenando y brindando, hablando de la semana, de las futuras vacaciones y de alguna escapada al mar.

Se han despedido con un beso y con un "avísame cuando llegues" y los dos sonreían. Parece que por fin se han encontrado, aunque discutan los días impares de las semanas pares y se reconcilien al salir el sol.

La vida no se ha vuelto fácil, siguen teniendo muchas decisiones que tomar, puntos intermedios en los que quedarse, besos que robarse. Pero parece menos difícil si están juntos.

Se desmaquilla y se mete en la cama. No tiene sueño y se pone a pensar. Ahora tiene una pareja, un futuro, una manera de ver el mundo, un planteamiento de vida. No el que hubiera pensando, no el que hubiera dicho hace unos años.

Se empieza a imaginar una vida sin él, qué hubiera pasado si aquella noche no se hubieran encontrado. 

Piensa que ahora estaría soltera, que se habría comprado un pequeño pisito y que su agenda estaría llena de planes y de contactos de hombres incorrectos. No se atreve a imaginar si ese amor platónico que siempre revoloteó alrededor de su vida seguiría ahí o se hubieran cansado mutuamente de jugar a esconderse. Habrían aparecido otras personas, algunos para quedarse y otros para abrazarla una noche. 

Quizás hubiera seguido siendo rubia o quién sabe, habría vuelto al caoba. Los vestidos de fiesta quizás no faltarían en su armario, puede que de un par de tallas menos que la que ahora utiliza. Puede que no se estuviera perdiendo ni un concierto ni un recital de poesía (aunque ahora se pierde pocos) y nunca tuviera que acudir a un plan por compromiso. No habría comidas con familia política ni sonrisas mientras le repitieran si no quería comer más. No habría suegra mirándola como si no fuera lo suficientemente buena para su hijo.

Iría a las bodas sola, sería ese número impar que colocar en las mesas y no tendría que ir a bodas sin conocer a los novios. Sus amigas le dirían que tienen que presentarle a compañeros de trabajo solteros y encantadores, mientras sabe, que no estaría buscando el amor. 

Piensa que miraría a las parejas y no sentiría envidia, pensaría que es otra manera de vivir la vida, como lo piensa ahora. Vería a sus amigas casarse, tener niños, envejecer. Y ella también envejecería pero a otro ritmo. 

Sonríe al pensar en él y al recordar que la soltería siempre le pareció una actitud rebelde que pensaba mantener: una lucha contra esa tendencia que parece que marca la sociedad de emparejar a la gente y tratar de excluir a los que permanecen solteros. Los 2x1 de los domingos, las habitaciones dobles de hotel, lo complicado de comprarse un piso siendo uno, los impedimentos para adoptar, las miradas familiares que te insinúan que se te pasa el arroz, los comentarios de "algún defecto tendrá si sigue soltero", el pensamiento de "tener pareja es lo normal", las ofertas tamaño familiar en el súper y las docenas de huevos. Pensaba que estar soltera era su manera de demostrar que nada era cierto, que siendo una podía ser tan feliz o tan infeliz como siendo dos, que no había que vivir la vida como nos dicen que la vivamos. 

Y ahora se imagina la vida sin él y le parece una buena vida. No le necesita, puede no aprovechar el 2x1 de los domingos y sobrevivir. Puede estar sin él y sin ningún hombre a su lado y tener la vida que quiera tener, sintiéndose querida por familiares y amigos, buscando pasión las noches locas, cuidando de sus sobrinos, comprando para uno y diciendo bien alto que es el perfecto número impar.  

Pero piensa en él de nuevo y vuelve a pensar en estar sin él.

No le necesita, pero le quiere a su lado. Le gusta lo que siente cuando están juntos, que le de los buenos días y hablar de todo y de nada; ir a conciertos y a rutas por el campo; compartir los momentos especiales y las compras del súper; ver películas en su sofá mientras cenan un pizza congelada. 

Sabe que le ha roto todos los esquemas, que ya no puede demostrar lo bien que se está sola, que suena a contradicción defender la soltería cuando camina con él a su lado. Se dice a si misma, que puede seguir defendiendo la diversidad de alternativas pero siente que ha perdido fuerza, que decir que se está bien sola cuando se tiene novio, no es tan convincente. 

Suena el teléfono, él ha llegado a su casa y le manda un beso de buenas noches. Y ella, vuelve a pensar un segundo y al siguiente se da cuenta que es hora de sentir. Le manda un "te quiero" y entiende que puede seguir luchando por todas sus causas con él a su lado.

Vértigo


jueves, 8 de septiembre de 2016

Encuentro

Todavía faltan unas horas para tener que salir de casa pero ya empieza a prepararse. Se mira en el espejo, ha engordado unos kilos desde la última que vez que se vieron, que le hacen sentir más insegura, que duda si llevar mangas o ir con tirantes, que parece que le están pesando.  Aunque está más delgada que hace años, cuando se enamoraron, cuando el mundo parecía que estaba cambiando.

Su pelo ha vuelto a su color natural, que quizás no había aparecido desde los años de instituto. Primero vinieron los colores imposibles, después pasó por las típicas mechas rubias y cuando quiso darse cuenta era una rubia de bote jugando demasiadas veces a creerse el papel. Ahora su color de pelo le vuelve a parecer bonito, le parece que encaja con ella, o con lo que ella cree que es ella.

Se mira las uñas, siempre pintadas. No siempre fue así, quizás a él le siga sorprendiendo que las lleve oscuras. Descubrió los pintauñas en aquel tiempo sin trabajo en el que tuvo que reencontrase consigo misma y en el que el norte no parecía importar. Esa historia él no la sabe, nunca le mandó aquel relato.

Vuelve a su cuarto y mira las posibles camisetas: demasiado escote, demasiado poco, tirantes, esa le hace tripa, la otra está un poco vieja, muy formal, muy informal. No sabe qué imagen quiere transmitir pero sí sabe que quiere parecer segura y feliz. Hasta radiante se dice. ¿Qué más da lo qué piense él?, se pregunta, es sólo alguien del pasado. Pero sigue mirando la ropa, dudando si zapatillas o zapatos. 

Decide la camiseta de colores con mangas, los vaqueros y zapatillas. Quiere sentirse cómoda. Se mira en el espejo de nuevo, ¿cuánto maquillarse? Como todos los días se dice, quizás un poco más, quizás más oscuros los ojos. ¿Los labios rojos? Él no lo sabe pero llevan bastante tiempo significando mucho para ella. Le hubiera gustado contarle que fue a un concierto sola por primera vez y alguien buscó a una rubia de labios rojos. Y esa misma noche, recibió besos que cambiarían su rumbo. 

Le entra la melancolía de nuevo, esa palabra de la que hablaban cuando estuvieron juntos, y que ahora le viene al recordar su pasado. Mira sus anillos e intenta recordar cuales tenía entonces y decidir si ponerse algo que a él le pueda traer recuerdos o es mejor que no. Como si él se fuera a acordar de sus anillos. Se ríe de si misma y de su estúpido planteamiento. Él llevará la alianza y sabe que no podrá evitar mirarla.

Se dice que es una suerte que todo acabara, que gracias a ese fin ha tenido historias imposibles y ahora puede estar viviendo la más importante. Pero se pregunta si el comienzo también fue una suerte. Quizás si nunca hubieran empezado ahora estaría a punto de ver a su mejor amigo.

Está pensando demasiado y el tiempo se echa encima. Se ducha y espera despejar ideas. No sabe por qué está nerviosa ni por qué quiere que él la vea preciosa. Ha pasado tanto tiempo que ya no hay ganadores ni perdedores, sólo dos personas reencontrándose con un futuro por escribir.

Se vuelve a preguntar que quizás sea el momento de recuperar la amistad. Aunque puede ser demasiado tarde y a él, con su mujer y sus hijos, ella sólo le parezca una complicación. 

Sale de la ducha y se viste con la ropa decidida. Poco maquillaje, algo de colonia y suena "como hablar" de Amaral en el aleatorio de su música. Es una señal, se dice, hoy es el nuevo comienzo. Se pinta los labios de rojos y se siente guapa.

Llega al cumpleaños de su amiga, donde sabe que él estará, con su mejor sonrisa, su mejor actitud. Las horas pasan y él no aparece. No puede preguntar, no puede dejar que se le note, pero su mirada siempre está en la puerta esperando verle entrar y que en ese momento sus miradas se crucen y todo pueda ser como antes.

Sabe que se está montando una película y que cada vez es más evidente que no vendrá, que no podrán recuperar el tiempo perdido. Se despide de su amiga y se marcha a casa, decepcionada y hasta triste. No sabe por qué, sólo es alguien del pasado que seguirá en el pasado.

Vuelve a estar delante del espejo, se desmaquilla y ya no se siente tan guapa ni tan segura. Sigue siendo aquella niña a la que le rompieron el corazón y que no supo hacer las cosas bien.

En la cama le espera durmiendo su chico. Ella se sienta en el borde y le dice que él no fue, que no pudo cambiar la historia. Él la abraza y le dice que se meta en la cama, que no le de más vueltas. Ella se deja abrazar y se dice que puede que todo esté mejor así.


Vértigo



domingo, 21 de agosto de 2016

Imposible

Nos encontramos en los imposibles,
cuando ningún futuro nos espera,
y el pasado nos pesa.

Nos miramos sabiendo que no,
no es nuestro momento y
y nunca lo será.

En otra vida somos marido y mujer,
me puse un horrible vestido blanco,
tú me juraste amor eterno,
ninguno siendo sincero.

En esta vida no somos pareja,
ni nos hemos querido,
pero nos seguimos necesitando.

Nos escuchamos sabiendo que mentimos,
dirán que otros son los engañados,
pero tú y yo sabemos que lo somos nosotros.

Somos el error permanente,
el amor que no existe,
el fracaso que no fracasa.

Nos miramos y nos sentimos avanzar,
pero sólo lo hacemos cuando no nos miramos,
y nos cuesta demasiado no hacerlo.

Nos tenemos enfrente y dudamos,
seguir equivocándonos juntos
o empezar a acertar separados.

Nos decimos que se acabó,
pero sabemos que nunca empezó
y volvemos a estar en el imposible.



Vértigo

lunes, 11 de julio de 2016

Debajo de la manta

Escondida debajo de la manta,
dejando ver sólo mis ojos,
y tratando de evitar que los pies se escapen,
te observo moverte por la casa.

No hago ruido y trato de ser invisible,
imaginando tu mundo sin mí,
planteándome otras vidas,
preguntándome qué hubiera pasado,
qué sería de nosotros
si el destino no hubiera jugado a jugar.

Quizás hubieras conocido otros amores,
quizás hubiera seguido fracasando,
quizás en este mismo instante,
pensaríamos en el destino.

Te sigo observando de un lado a otro,
preparando la cena y las palomitas,
diciendo que se hace tarde,
que decidamos pizza y película,
escuchando mi silencio.

Mientras sigo recordando,
pensando en aquella larga noche,
en la que todo pudo cambiar,
y en la que todo cambió.

Mi vida se había vuelto extraña,
y estaba empezando a dudar,
cometiendo errores sabiendo que eran errores,
dejando de luchar en guerras imposibles.

Abría historias y no conseguía cerrarlas,
buscaba rumbos que parecían perdidos,
buscaba soluciones a problemas sin solución,
buscaba olvidando la brújula del bolso,
buscaba sabiendo que no buscaba.

Aquella noche me disfracé,
me puse un vestido rosa y tacones,
me pinté los labios de rojo chanel,
nunca había sido tan rubia,
nunca había sido tan personaje.

Empecé la noche con canciones,
con sentimientos guardados.
con palabras que se decían sin decir,
sin miedo a estar sola y con miedo a sentir.

Apareciste sin hacer ruido,
fijándote en mis cuernos y en mi mirada,
atravesando el rubio y el vestido,
viendo más de lo que se veía,
y proponiéndome sinceridad.

Ahora te observo debajo de la manta,
con el pelo castaño y la cara lavada,
vigilando que los pies no se escapen,
siendo persona y no personaje.

Te acercas y me das un beso,
me dices que baje de las nubes,
te digo que subas conmigo,
demostramos que es posible el equilibrio,
que la magia y la realidad conviven,
que somos tú y yo y a la vez nosotros.

Vértigo