jueves, 6 de abril de 2017

Para ti (3)

Me convertí en un personaje,
¿o me convertiste tú?
A veces dudo si existe,
si hay algo de mí en él, 
pero otros lo siento yo,
y personaje y persona son uno.

Aquella noche que me buscaste,
que encontraste una rubia de labios rojos,
empezamos una gran historia,
o quizás terminamos otra.

Hasta entonces éramos inmateriales,
¿no sentías que éramos eternos?
Después ya no supe lo que éramos,
supimos lo que podíamos haber sido.

Una vida entera ha pasado,
¿me sientes más cerca?
Aunque sabes que ahora estoy en otro mundo,
pero es como si estuviera a tu lado.

Me gustaría hacerte elegir,
que escojas persona o personaje,
que empieces a ver defectos,
que me digas si nos distingues.

Supongo que busco otra respuesta,
que no quiero ni una ni otra,
prefiero que te quedes con vértigo
y con la eternidad.


Vértigo


domingo, 26 de marzo de 2017

Para ti (2)

Sigo sentada en la cama con el cuaderno y con el boli,
el ordenador al lado y la minicadena sonando, 
dudo si escribir un poema o escribirte un correo,
y me doy cuenta de las no diferencias, 
serían dos maneras de decir lo mismo.

Aunque quizás no haga falta nada,
y ya sepas lo que querría decirte,
el abrazo que me gustaría darte
y todo lo que te transmitiría en esos instantes. 

He estado tantas veces perdida
y tantas veces has estado ahí
que ahora me parece una injusticia
que no sea capaz de hacer nada por ti.

La vida nos ha llevado donde ella ha querido,
una vez dijiste que me dejaste escapar en el metro,
pero realmente fui yo la que me subí,
aunque los dos sabemos que fue lo mejor,
a veces otras posibilidades se nos pasan por la cabeza.

Y siempre, siempre, todo acaba en un instante como éste,
conmigo queriendo ayudarte y contigo ayudándome.

Sólo puedo escribirte que te imagines el abrazo
y ya sabrás lo que pretendía decirte. 


Vértigo

martes, 21 de marzo de 2017

Para ti

Una vez escribí un relato con propiedades mágicas,
el destinatario todavía lo recuerda,
aunque en alguna mudanza lo perdió. 

Era una historia con círculos,
en la que se podía volver al principio,
y lo que importaba era la buena intención,
como cuando éramos niños.

El único objetivo de aquel relato se consiguió,
era hacerle sonreír y feliz durante unos instantes,
pero hubo otros efectos no planeados,
y el amor acabó naciendo en el desierto. 

Vuelvo a coger el boli cuando ha pasado infinito,
con un objetivo igual de honesto,
no queriendo premios ni alabanzas,
simplemente buscando que tú te encuentres en mis líneas,
que vivas en mi mundo durante unos segundos,
que recuerdes que sigue mereciendo la pena.

¿Qué merece la pena?, puede que me preguntes,
una mirada puede que fuera suficiente respuesta,
no la mía, lo sabes, la de quien te espera en casa,
que te llama con cuatro letras y todo el amor,
que te hará saber que mañana saldrá el sol.

Mientras yo seguiré peleándome con el boli,
tratando de terminar un poema sin final,
porque como en aquella historia que escribí,
cuando se llega al final se vuelve al principio, 
y empezamos a hablar de historias mágicas.



Vértigo


lunes, 6 de febrero de 2017

Románticos

Aquel niño quiere ser inventor, crear nuevos objetos, soluciones para pequeños y grandes problemas, desarrollar las ideas que vienen a su cabeza. Aquella niña quiere crear una empresa en la que poder demostrar que con las energías renovables se puede hacer dinero mientras su amiga quiere ser la que investigue las posibilidades que puede ofrecer el sol. Los dos sentados al fondo quieren un futuro tranquilo, un trabajo de oficina con un sueldo con el que pagar la hipoteca y las vacaciones. Los de segunda fila imaginan el dinero que les dará un buen trabajo, aunque tengan que dedicar muchas horas y mucho esfuerzo pero piensan que merecerá la pena. El niño tímido de tercera fila tiene en mente a su madre, con su pierna ortopédica y cree que podrá inventar una solución que le haga la vida más fácil. A su lado, una niña piensa en sus abuelos y en lo que las tecnologías podrán hacer por ellos. Un grupo que todavía está en la puerta debate si se podría llevar electricidad a pequeños pueblos africanos. Un niño sentado junto a la pared sabe que sólo querrá un trabajo y que la formación puede que le ayude. Una niña que mira por la ventana sueña con crear un mundo mejor y cree, firmemente, que estudiando una ingeniería tendrá los conocimientos y las armas necesarias para poder conseguirlo. 

Y yo, que les observo desde fuera, quiero creer que cada uno será capaz de alcanzar sus sueños. 

Me duele viajar al futuro y encontrarme una realidad distinta. Después de estar peleando por unos estudios que quitan horas de juventud, demasiados pasaron por el desempleo, aunque les habían prometido mil veces que con su carrera no habría paro. Algunos acabaron consiguiendo sus sueños pero la mayoría tuvieron que dejarlos encerrados en un cajón que no les daba tiempo a mirar porque a veces, la vida no te deja ni recordar tu pasado. 

Los que querían investigar no consiguieron financiación para sus ideas, muy ambiciosas les decían, nadie quería asumir riesgos sin saber que pronto habría beneficios. Y tuvieron que buscar un trabajo "normal" con el que pagar el alquiler y ver como el tiempo desaparecía. Los trabajos de oficina no resultaron tan tranquilos, los sueldos no eran lo esperado y siempre había que quedarse "un ratito más". África parecía estar muy lejos y no importarle a nadie, se juntaron unos cuantos y se fueron a ayudar, cambiaron un poquito el mundo pero si alguien hubiera apostado por ellos lo hubieran hecho mucho más. Aquella niña que se sentía con conocimientos y con armas se acabó sintiendo atrapada en un mundo que mueve el dinero.

Puede no parecer una decisión romántica estudiar una carrera de ciencias, pero puede que lo que no lo sea, sea el resultado.

Vuelvo a viajar a un futuro más lejano y quiero confiar en cambios, en posibilidades, en apostar por lo correcto, en que estos niños lleguen a ser los que tomen las decisiones sin olvidar lo que un día soñaron.


Vértigo

miércoles, 18 de enero de 2017

¿Qué personaje de película te gustaría ser y por qué?

Al hacerme la pregunta en la cabeza, es inevitable pensar en mis películas favoritas, las que he visto infinidad de veces, recuerdo sus frases, siento a sus personajes y alguna vez he soñado estar dentro de ellas. 

Pienso en el personaje de Charlotte en Lost in translation, en esa sensualidad e inocencia que transmite (que a quien no le gustaría tener) y me planteo si me gustaría ser ella: una chica recién casada que se siente perdida con su vida, que no sabe qué hacer, que está en Tokio sin poder dormir por las noches y que siente una extraña y mágica conexión con el personaje de Bill Murray.

No puedo negar que me he sentido identificada con ella, que conozco esa sensación de no saber hacia dónde ir, que encuentro conexiones imposibles y que a veces no entiendo nada de lo que pasa a mi alrededor. Pero, ¿querer ser ella?. Me temo que no, que el insomnio me da miedo, que mirar a un marido y tener dudas me asusta, que sentirme sola no es mi sueño. 

Pasan por mi cabeza otras películas, otros personajes. Y recuerdo a Ana de Los amantes del círculo polar, con ese nombre capicúa, enamorada de otro nombre capicúa, Otto, con una historia de amor que contar. Una mujer valiente, arriesgada, con ideas claras y confusas, que deja notas diciendo "valiente", que se marcha al círculo polar ártico, que sabe lo que es el amor. Pienso en esa escena en la Plaza Mayor de Madrid en la que Ana y Otto se cruzan pero no se ven, esa escena tan poética, que tanto me gusta. 

Pienso y me imagino viviéndola, viviendo su historia de amor, con su pasión y su sufrimiento, con su final infeliz, escribiendo círculos. Y no quiero ese amor, ese dolor, no quiero ser Ana, no quiero acabar perdiendo a Otto como le pierde ella, cuando todavía les quedaba mucho por vivir.

Mi cabeza se sigue moviendo y aparece en una película que siempre me deja con buenas sensaciones: happythankyoumoreplease. Y me imagino siendo su protagonista: Sam. Un escritor experto en historias cortas. No me parece una mala idea ser él (ya que ni siquiera llego a aspirante a escritora), parece un buen tipo pero realmente, como le dice Mississipi, le gustan las historias cortas. Y puede que como ella, yo ya está preparada para la novela. 

Intento pensar en películas ligeras con finales felices y personajes que querer ser. Pienso en aquella película de Sandra Bullock que siempre veo cuando la ponen por televisión: Mientras dormías. Un buen final para ella, pero su personaje ha tenido una vida dura y sinceramente, no querría haber tenido esa vida. Ya sé que la vida no es fácil, pero si puedo soñar, ¿sería mejor una vida sin problemas?

Empiezo a buscar personajes en películas irreales, en las que sale Jennifer López  y todo puede ser un cuento. Y por un instante, pienso que igual quiero organizar bodas y enamorarme de uno de los novios. Pero al instante siguiente me doy cuenta que no, que siendo un personaje de una película vacía me sentiría encerrada y buscaría realidad.

Recuerdo una película pequeña, gallega, Las altas presiones, que me pareció real, con personajes con problemas normales, con vidas con sus complicaciones, con sus fracasos y con sus aciertos. Y quizás podría vivir dentro de aquella película. Aunque no me identifique con ningún personaje y no quiera ser ninguno.

Pienso en mi vida, en mí, en lo bueno y en lo malo que me ha pasado, en mis enormes defectos y en lo querría cambiar. Quizás si fuera un personaje de película trataría de evitar el dolor, pero quizás la vida ya no sería vida y quizás ya no merecería la pena.

Pienso en mi misma, que no soy personaje, por suerte, tengo más dobleces, más aristas, más detalles que los que ningún gran escritor pueda crear. Si me quitara mis defectos, puede que él no se hubiera enamorado de mí.

Supongo que al final, puedo decir que el único personaje que quiero ser es yo misma y que la única película que quiero protagonizar es mi vida.

Vértigo