lunes, 1 de octubre de 2007

ESPERANDO

Pisó despacio. Caminó por el salón intentando que sus pisadas no fueran más que caricias a la alfombra. Pasó así toda la noche, hasta que el sol se convirtió en competencia y empezó a entrar por las rendijas llegando delicadamente al suelo. Mientras trataba de decidir que hacer te levantaste y fuiste al salón. No te sorprendió verla. Sabías que algún día vendría y que llegaría sin hacer ruido. La pregunta era cuánto tiempo se quedaría contigo. Te entró miedo, miedo de que se marchara y que su ausencia te consumiera día tras día esperando su regreso. Un regreso incierto. Volviste a tu habitación para confirmar que la cama seguía ocupada. Respiraste aliviado. Pero sin motivo la despertaste cogiéndola demasiado fuerte por las muñecas y diciéndole que no la dejarías marcharse nunca de tu vida. La asustaste. Te dijo que aunque había sido una gran noche, se acabó. Recogió sus cosas y se fue. Volviste al salón y la felicidad ya no estaba. Te sentaste en el suelo dejando que el sol te acariciara, esperando su regreso.

Vértigo

4 comentarios:

Claudia, la chef dijo...

Una dulce espera? Parece que el temor por perder las cosas, es lo que nos hace perderlas.

Bambu dijo...

Da más miedo perder la felicidad cuando se es feliz que ser infeliz esperándola.

yo mismo dijo...

bonita y triste historia de lo que casi no se tiene, o se tiene muy poquito, y se pierde. a veces, eso pasa con la felicidad. un beso.

La Haine dijo...

totalmente de acuerdo con bambu... es tan cierto todo lo que has dicho..
un besito :)